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Abner Benaim: un límite ambiguo bajo un mismo techo
Benaim, cineasta nómade, que se formó culturalmente en países tan diversos como Panamá, Israel, Italia y la Argentina.
Periodista: ¿Cómo se lleva usted con su propio personal doméstico?
Abner Benaim: Bien, lo escucho bastante, pero a veces igual me encuentro en situaciones incómodas, y siento esa misma barrera sociocultural que critico en mi película. En cambio recuerdo con mucho cariño a mis nanas. Eran siempre mujeres muy bondadosas y las tengo en mi memoria como parte integral de una infancia muy bonita, con mucho amor.
P.: ¿Cómo se integra una productora argentina a su película de caracteres tan panameños?
A.B.: Conocí en Cartagena a Marcelo Schapces, de Baraka Cine, hace años, y de la charla concretamos una coproducción muy real con Ibermedia. Por el estado de la industria de cine en Panamá, que está apenas arrancando, era lógico apelar a argentinos como jefes de departamento, y también hacer acá la post-producción. La directora de fotografía Alejandra Martin, el editor Fernando Vega, el músico Pedro Onetto, los productores Schapces y Alejandro Israel, son todos argentinos, como la mezcla de sonido, la corrección de color en digital, y la ampliación a 35 mm.
P.: Usted ha estudiado en varios países.
A.B.: De cada uno aprendí cosas valiosas. La cultura estadounidense mientras hacía Relaciones Internacionales en Filadelfia. Arte en Florencia, donde se mete el valor estético de la vida por las venas, pues todo estimula, todo inspira. Cine en Camera Obscura, de Tel Aviv, ahí estaba feliz de estudiar lo que me gustaba, y de vivir en Israel. Me siento muy a gusto allí con la gente, en términos de mentalidad, de apertura, especialmente en Tel Aviv. Y dirección de actores en San Antonio de los Baños, Cuba, con una instructora increíble, Marketa Kimbrell, de la NY University. Ese fue además mi reencuentro con Latinoamérica, un periodo corto pero muy intenso que recuerdo con mucha ilusión.
P.: Antes de dirigir actores dirigió documentales.
A.B.: «Good Vibes» fue el primero que hice en Israel. Es sobre un joven organizador de raves que enferma de cáncer. Lo acompañé en sus últimos 18 meses, aprendiendo de él, ya que era muy optimista, sin miedo a la muerte, un tipo que hacía felices a quienes lo rodeaban. Fue una experiencia muy enriquecedora. Luego tuve la suerte de hacer un capítulo de «Bulldog Noise», serie israelí pro-ambientalista que tuvo mucho éxito y causó varios escándalos. Ya en Panamá, la serie «El otro lado», hecha absolutamente con las uñas por un equipo de tres personas, a veces cuatro. Yo debía manejar, hacer cámara, dirigir, producir. Pero con el respaldo de TVN, un canal importante que la programó en prime time, así que la vio mucha gente y tuvo buen impacto de público.
P.: Capítulos como «La Joya», «Ana Pascal», «Panamá gay».
A.B.: Los temas variaban entre lo social y lo bizarro. La investigación de Guido Bilbao era seria, pero el conductor, el rockero Lilo Sánchez, le daba un tono muy casual, muy de tú a tú, y eso creo que permitió un enganche muy directo a cosas que usualmente la gente no quiere ver. Más tarde hice «A Bisel Masel», con ocho sobrevivientes del Holocausto que viven en Panamá, para donar a los museos de la Shoah en Israel y Washington, y mostrar en las escuelas panameñas. Gente que estaba tan cerca y nunca antes yo había escuchado.
P.: ¿Qué viene ahora?
A.B: Mientras termino un guión de ficción investigo para un documental que se llamará «¿Dónde estabas tú?», sobre la memoria colectiva respecto a la invasión de EEUU a Panamá en 1989. A veces hago también algo de plástica. No me considero un artista plástico, pero es bueno para experimentar y dejar salir algunas cositas que no caben en mi cabeza, ni en mi cine.
Entrevista de Paraná Sendrós


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