3 de noviembre 2010 - 00:00

Abusador de Austria habló y dijo extrañar a su mujer e hijos

Viena - Josef Fritzl, el jubilado austríaco condenado a cadena perpetua por esclavizar y violar a su hija durante 24 años, ha roto su silencio y aseguró que espera salir vivo de la prisión para cuidar a su mujer, mientras que se lamentó de que ningún miembro de su familia lo haya visitado en su estadía en prisión.

Internado hace 18 meses en el pabellón de enfermos mentales de la cárcel de Stein, cerca de Viena, el conocido «monstruo de Amstetten» ha hablado por primera vez con un medio de comunicación sobre su vida en la prisión y la inexistencia de contacto con su familia.

«Le he escrito ocho cartas. Nunca he recibido respuesta. Pero yo sé que ella aún me quiere», aseguró Fritzl en referencia a su esposa en una entrevista con el periódico alemán Bild, de la que ayer se hicieron eco varios medios austríacos.

«Mi sueño es poder salir con vida de aquí. Luego, me gustaría cuidar de mi mujer, porque ella siempre me ha sido fiel», dijo en la conversación Fritzl, condenado a cadena perpetua por los delitos de asesinato por omisión de socorro, esclavitud, violación, privación de libertad, coacción grave e incesto.

Sobre su hija Elisabeth, víctima de sus violaciones durante un cuarto de siglo, y de los delitos por los que ha sido condenado, Fritzl se despachó con un lacónico «sobre eso no quiero decir nada». Ante las preguntas de los reporteros, Fritzl apenas murmuró algo sobre el «amor» a su hija y cambió de tema, según publicaron ayer los periódicos austríacos.

El jubilado de 75 años también explicó que no ha recibido la visita de ninguno de sus 13 hijos (seis de ellos producto de las violaciones a Elisabeth). «Mis hijos serían interceptados por las autoridades antes de poder llegar a mí», justificó Fritzl el hecho de que nadie lo visitó aún en la cárcel. El condenado sí se explayó más sobre su rutina en la cárcel y dio detalles de la celda de 11 metros cuadrados que ocupa. Explicó que se levanta a las 5.30, se lava, hace ejercicio y friega los pasillos de la prisión, cada día. También, según contó, sale a pasear, siempre acompañado por dos funcionarios que lo protegen de posibles ataques de otros internos.

Para entretenerse, cuenta con un televisor en su celda, en la que disfruta viendo la comedia estadounidense «Dos hombres y medio» (Two and a half men). «El niño que actúa ahí me recuerda a mi hijo. Eso me relaja, me hace falta para reír. Cuando uno está siempre muerto de pena, el alma se destruye», finalizó.

Agencia EFE