11 de abril 2018 - 00:00

Academia Sueca, en el ojo de la tormenta

Estocolmo - Tres miembros de la Academia Sueca renunciaron por un escándalo de abusos y de corrupción que pone en peligro la existencia de la institución y la imagen del premio Nobel. La Academia es un organismo con unas normas estrictas que no permiten renunciar a ninguno de sus 18 miembros, que desde hace más de un siglo deciden quién será honrado con el Nobel de Literatura, aunque pese a ello las renuncias se produjeron.

En el centro del escándalo se encuentran los miembros de la Academia Katarina Frostenson y su marido, Jean-Claude Arnault. Dieciocho mujeres acusaron al francés el pasado noviembre de acoso sexual en el marco del movimiento #MeToo, e insinuaron que algunos miembros de la Academia podrían ser conscientes de ello y haberlo permitido. Al mismo tiempo se supo que el Arnault dirige una asociación cultural que recibió subvenciones de la Academia, y que Frostenson tomó parte durante años en secreto en las decisiones de financiación para su marido. Tras desatarse el escándalo la Academia dejó de ingresar los fondos que desde 2010 dedicaba al centro cultural de Arnault. Sin embargo, lo peor para la Academia podría ser que se confirmara que el marido de Frostenson divulgó antes del anuncio oficial los nombres de siete premiados, entre ellos el de Bob Dylan en 2016. Está en juego la reputación de los guardianes del Premio Nobel.

Por eso, la secretaria permanente de la Academia, Sara Danius, encargó a un bufete de abogados investigar las relaciones del francés con la Academia. A finales de esta semana se publicará el informe con los resultados, pero ya ha provocado un escándalo: la Academia discutió los resultados la semana pasada y votó sobre la expulsión de Frostenson. Una escasa mayoría decidió que podía quedarse, lo que produjo la renuncia de los otros tres miembros en señal de protesta. También el ex secretario Peter Englund se encuentra entre los que renunciaron. "La mayoría tuvo demasiada consideración por una sola persona y muy poca por los estatutos", dijo.

Las renuncias suponen un gran problema para la Academia, pues no se puede buscar un sustituto a un miembro hasta que muere. Lo mismo ocurre con dos puestos, cuyos dueños abandonaron ya hace años en señal de protesta. Es decir, que de los 18 miembros ya sólo quedan 13 que se reúnen regularmente, y para nombrar a un nuevo miembro al menos deben votar 12. Esto significa que si otros dos miembros decidieran renunciar, la Academia ya no podría nombrar a ninguno nuevo y dejaría de existir.

Por el contrario, para nombrar al ganador del Nobel de Literatura no tiene validez esa norma. "Un candidato debe obtener más de la mitad de los votos entregados", según se indica en la web oficial sobre la elección. Dada la grave situación, hasta el rey sueco Carlos Gustavo, padrino de la Academia fundada en 1786, se pronunció. El monarca explicó que el desarrollo de los acontecimientos le entristece, pero que espera que se alcance una solución, según dijo en una reunión con Danius. "En la Academia se está trabajando en ello. Están reflexionando sobre la situación", dijo ante los medios. El propio rey podría encargarse de cambiar a los miembros de la Academia, exigieron después críticos literarios en la radio sueca.

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