29 de agosto 2011 - 00:00

Acorralado, Gadafi pidió negociar su rendición. Le dicen no y sigue cacería

Los tripolitanos deben recurrir a los servicios de ayuda para abastecerse de agua potable. Rebeldes libios exhiben un póster tomado de una de las residencias de Muamar el Gadafi en un puesto de control de la capital. Una curiosidad: uno de ellos viste una camiseta de Boca Juniors (izquierda).
Los tripolitanos deben recurrir a los servicios de ayuda para abastecerse de agua potable. Rebeldes libios exhiben un póster tomado de una de las residencias de Muamar el Gadafi en un puesto de control de la capital. Una curiosidad: uno de ellos viste una camiseta de Boca Juniors (izquierda).
Trípoli - Muamar el Gadafi agotó en horas recientes dos de sus últimas cartas para encontrar una salida a su laberinto: una llamada a negociar que fue rechazada por los rebeldes, y la puesta en acción de una lanzadera móvil de misiles balísticos Frog 7, que resultó neutralizada por la OTAN.

El que durante 42 años fue el «líder» de la revolución de Libia, la ahora defenestrada «Yamahiriya», telefoneó a través de su portavoz Ibrahim Musa a la agencia de noticias estadounidense Associated Press en Nueva York para pedir una negociación que fue rechazada contundentemente en Trípoli.

«No hay negociación posible; sólo puede entregarse y recibirá un trato justo y legal», dijo el ministro interino de Interior del rebelde Consejo Nacional de Transición (CNT), Ahmed Darrat. En la misma línea se expresaron varios gobiernos occidentales, con especial énfasis el del Reino Unido.

Poco después, el titular de Información del CNT, Mahmud Shamam, afirmó que Gadafi y sus hijos serán detenidos muy pronto. «Son criminales en fuga. No hay negociación con Saadi, el hijo del dictador, como dijo a AP el portavoz Musa».

No está claro el paradero de Gadafi y ni de sus hijos, pero es posible que su fallida invitación a la negociación delate su precaria situación.

Amenaza

Por otro lado, según informó el general británico Nick Pope, aviones británicos neutralizaron la lanzadera con un sistema de guía Paveway, que dijo representaba una «significativa amenaza para la población civil de Trípoli».

Éstos parecían ser dos de los últimos recursos del dictador, cuyas tropas fueron de nuevo duramente castigadas la noche del sábado en su retirada al sur de la capital.

El CNT admitió ayer que Trípoli sufre una crisis humanitaria. El portavoz del Consejo, Shamsiddin Ben Ali, instó a todos los médicos libios que trabajan en el extranjero a regresar inmediatamente a su país. Además, «debido al elevado número de heridos, son necesarios más medicamentos y equipamiento médico», dijo al canal de televisión catarí Al Yazira.

Alrededor del 70% de los habitantes del centro de Trípoli están sin agua potable o tienen muy poca, pero se les reparte en las mezquitas, por lo cual no sufren de sed, indicó ayer un dirigente rebelde que tiene a su cargo el tema. En cambio, en los suburbios de la capital prácticamente no escaseaba el agua, ya que las casas disponen de pozos y bombas individuales.

En el puerto de Trípoli, cuatro barcos descargaban ayer agua y otros suministros básicos, mientras la Organización Internacional de Migraciones (OIM) preparaba la evacuación esta noche de un millar de inmigrantes de la región.

Otros 16 buques fondeados en el exterior de la terminal portuaria aguardaban para descargar, aunque el ritmo es muy lento pues los muelles no disponen de suficientes estibadores y las grúas no funcionan aún con normalidad.

Los portavoces del Comité de Estabilización, que ofrecieron ayer una rueda de prensa, explicaron que contaban con el agua, combustibles y medicamentos necesarios para abastecer a la población.

En las calles de Trípoli, sus habitantes trataban de recuperar la normalidad, tras más de seis meses de guerra, abasteciéndose de agua y comida y con el fin del ramadán a la vista, el primero en 42 años sin el «líder» que gobernó a su antojo y excéntricamente el país.

La realidad de la guerra continúa presente. Por un lado, por el avance rebelde hacia Sirte, la ciudad natal de Gadafi y el principal bastión que queda en su poder. Ayer se combatía a 30 kilómetros de la localidad, y los antigadafistas pronosticaban su caída antes de diez días.

Por el otro, testigos consignaban una gran cantidad de heridos, la amenaza de los francotiradores y la identificación de los cadáveres que se amontonan en las morgues y cuya cifra exacta nadie confirma.

Agencias EFE, Reuters, AFP, DPA y ANSA, y Ámbito Financiero