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Activo y sigiloso, el primer ensayo de Boudou presidente
Amado Boudou, como presidente en ejercicio, tuvo bajo perfil y recibió al titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, al ministro de Economía, Hernan Lorenzino, y al secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa.
Fue el primer día de una licencia que, en lo formal, se extenderá durante veinte. Un reemplazo que expondrá al vice a un doble riesgo: administrar el Gobierno ante eventuales sacudones y, en paralelo, gestionar bajo el ojo brutal del pingüinismo.
Ayer, Boudou equilibró esas dos variables: pasó raudamente por Casa Rosada, donde se vio con Carlos Zannini y Juan Manuel Abal Medina. Luego se instaló en el despacho muletto de presidente interino, a unos cien metros de la Rosada, en el primer piso del Banco Nación.
Respetó el mandato no escrito de reportar ante el secretario de Legal y Técnica, y de no ocupar el despacho presidencial. Más tarde, en la oficina que ocupó Roberto Feletti mientras fue vice de la entidad bancaria, tuvo su estreno como presidente en ejercicio.
Allí recibió al ministro de Economía, Hernán Lorenzino; al secretario de Hacienda, Juan Carlos Pezoa, y al titular de la AFIP, Ricardo Echegaray. Fue el receptor de una buena noticia: la recaudación durante 2011 fue un 31,8% superior a la de 2010.
El dato se conocía desde hacía varios días y Cristina de Kirchner, según trascendió, digitó la hoja de ruta para que esa novedad fuese dada en las primeras horas, mientras ella era intervenida en el Hospital Austral, en Pilar.
Es obvio: la Presidente fue la que diagramó ese operativo como un gesto para que, en funciones, su vice debute en el cargo que le delega por unos días con predefinida visibilidad.
Aquel «guarda con lo que hacés» con que la Presidente anticipó su ausencia simbólica de la Casa Rosada durante su convalecencia experimentó una leve mutación: Cristina le ofrendó a su vice una vidriera para difundir datos felices.
Esperas
Durante la mañana, Bouestuvo al tanto -como el resto de los ministros- de las novedades que llegaban desde el Hospital Austral. Allí se encontraban el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, y la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner.
Por la tarde, permaneció en el Banco Nación. Espera, como el resto del staff K, que el fin de semana la Presidente esté instalada en Olivos en etapa de recuperación. Como contó ayer este diario, pierde fuerza la posibilidad de que viaje a El Calafate.
En rigor, luego de la operación -que se informó sin complicaciones y con una internación de 72 horas- se consolidó la presunción de que el fin de semana, cuando se cumplan los dos días de silencio prescripto por los médicos, Cristina retomará el control.
Por lo pronto, en su primer día en funciones, Boudou se mostró activo, pero cauto y sigiloso. No lo dirá jamás, pero el vice advierte que un sector del Gobierno, muy cercano a la Presidente, sospecha de sus movimientos y aprovechará cualquier tropiezo para saltarle a la yugular.
De hecho, a medianos de noviembre, notificado del malestar en la órbita cristinista -se sindica a Máximo Kirchner-, y ante un mandato explícito de la Presidente, el vice redujo prácticamente a cero su nivel de exposición, luego de varios meses de giras y shows rockeros.
El clima de sospecha se rompió con la designación de Lorenzino como ministro de Economía, candidato que sponsoreaba Boudou como su sucesor preferido.
También con otras resoluciones en el Senado: la designación del operador boudouista Juan Zabaleta como secretario administrativo y el desplazamiento de Aníbal Fernández a un lugar secundario en la estructura de la Cámara alta.
Al principio se especuló con que el quilmeño sería el presidente provisional en lugar de José «Pepe» Pampuro, entronización que no agradaba a Boudou. Luego, Fernández tuvo una compensación: fue restituido como vocero oficioso de Cristina de Kirchner en temas puntuales como la tensión con Hugo Moyano.


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