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Adiós al FMI (y hola al G-20)
En su última cumbre en 2009, en la ciudad de Pittsburgh en setiembre, los líderes del G-20 acordaron que el nuevo grupo, más grande y ampliado, debería sustituir al G-8 (de los siete países más industrializados del mundo más Rusia) como el principal foro para abordar asuntos económicos.
Aparte de que el cambio en el equilibrio de poder vaya más allá de las grandes naciones, el G-20 se convirtió de forma efectiva en un consejo económico global. Juntos, los países miembros del G-20 ahora representan el 85% de la actividad económica mundial.
Varias naciones clave del Grupo como Estados Unidos, Japón y Alemania se encaminan hacia la recuperación después de atravesar la peor recesión en una generación. Esto, sumado al crecimiento económico que se deja sentir en países como India y China, el G-20 está bajo presión para presentar estrategias de salida de multimillonarios planes de estímulo fiscal.
Los paquetes de medidas suman en todo el mundo u$s 2.000 millones e incluyen recortes de impuestos y un mayor gasto público, con el riesgo de disparar el déficit público global en 2010. «El próximo desafío va a ser la retirada de las medidas de ayuda financiera en 2011», dijo el economista Frank Oland Hansen del Danske Bank. «Acá el riesgo es que la política económica y financiera más estricta sofoque el crecimiento».
A los países miembros del G-20 se les pidió que presenten sus planes económicos en enero para ayudar a coordinar el fin de los programas de estímulos. Ahora se calcula que los Gobiernos empezarán a levantar sus medidas para impulsar la economía a mediados de 2011.
Tras contraatacar la crisis económica con un considerable recorte de las tasas de interés e inyectando liquidez en la economía internacional, los principales bancos emisores del mundo también están considerando opciones para abandonar sus planes de apoyo monetario en una situación grave.
Por ahora, la postura del G-20 es mantener los planes hasta que surjan indicios de que la recuperación global está asentada. De hecho, uno de los principales acuerdos de la cumbre de Pittsburgh fue que el G-20 trabajaría de forma conjunta para asegurar «que las políticas fiscales, monetarias, comerciales y estructurales son consistentes de forma colectiva, de trayectorias más sostenibles y equilibradas de crecimiento».
El éxito de ampliar su función básica para poner en marcha planes anticíclicos y reformar el sistema financiero global podría ayudar al G-20 a reforzar su dominio para impulsar la política económica global. Como resultado, cuando los países del G-20 se reúnan en Canadá a mediados de 2010, y en Corea del Sur en noviembre, el bloque podría básicamente haber eclipsado a otros grupos de poder mundiales.
Pero sobre todo, el aumento en importancia del G-20 pone de manifiesto el papel crítico desempeñado por las principales economías emergentes como China, India o Brasil para ayudar a que grandes países industrializados como Estados Unidos y diversas naciones de la Unión Europea afronten el impacto de la recesión.


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