6 de febrero 2012 - 00:00

Adiós a Gazzara, buen actor de cine con la pasión puesta en Broadway

Ben Gazzara cuando vino en 2001 al Festival de Mar del Plata, donde se mostró calmo y paciente, muy lejos de su sanguinario Al Capone o los neuróticos que compuso para su amigo John  Cassavetes.
Ben Gazzara cuando vino en 2001 al Festival de Mar del Plata, donde se mostró calmo y paciente, muy lejos de su sanguinario Al Capone o los neuróticos que compuso para su amigo John Cassavetes.
A Ben Gazzara, nacido Biagio Anthony Gazzara el 28 de agosto de 1930, y fallecido el viernes en Manhattan, las nuevas generaciones solo lo conocen por tres películas de John Cassavetes y gentiles apariciones en «Paris, je taime» y «La ley y el orden». Neoyorquino, hijo de italianos, fue alumno dilecto de las primeras camadas del Actors Studio, y como tal protagonizó el estreno mundial de «La gata sobre el tejado de zinc caliente», su primer gran éxito en las tablas. También hizo historia en las puestas de «Un sombrero lleno de lluvia», «¿Quién le teme a Virginia Wolf?» y otros, actuó en series televisivas desde 1952, destacándose en «Arresto y juicio», 1963, y «Alma de acero», 1965, y llegó a dirigir buenos capítulos de algunas series, incluyendo tres de «Columbo», que protagonizaba su amigo Peter Falk.

En cine, Gazzara debutó protagonizando «The Strange One», 1957, que aquí se llamó «El rencoroso», pero le prestaron atención solo cuando Otto Preminger lo incorporó junto a su ídolo James Stewart en «Anatomía de un asesinato», 1959 (la dama era Lee Remick, entonces jovencita bellísima). A partir de allí, hizo de todo.

Algunos lo registran solo por sus neuróticas actuaciones en esas tres prestigiosas películas de su amigo John Cassavetes: «Maridos», 1970, «Muerte de un corredor de apuestas» y «Noche de estreno», y en posteriores títulos de Marco Ferreri, David Mamet, Tod Solondz y los hermanos Coen.

En cambio, el gran público lo identifica gozosamente como el tipo (generalmente militar) con cara de loco, de comedias y cintas de acción como «La muerte camina a mi lado», «La ciudad prisionera», «Los médicos jóvenes», «El puente de Remagen», «El factor Neptuno», «El viaje de los malditos», «Dos mercenarios», «Si es martes, debe ser Bélgica» (sátira a los tours de 10 países en 12 días), y sobre todo, su gran personaje, «Al Capone, el diabólico», de Steve Carver, 1975, producida por Roger Corman, donde también actuaban Cassavetes y Sylvester Stallone.

Este tipo de películas le permitieron dedicarse sin problemas al teatro, acompañar a Cassavetes en sus dramas de bajo presupuesto y público selecto, y comprarse una mansión (una «villa») en Umbría, cumpliendo así el sueño de sus padres inmigrantes. Allí, por puro gusto, actuó con Ornella Muti en la singular «Historias de locura común», de Marco Ferreri, y «La ragazza de Trieste». También en otras, incluyendo el drama «Figlio mio infinitamente caro» y el pavoroso thriller «El profesor», donde hace de capomaffia decididamente loco y sanguinario.

Pero su pasión y su vida laboral estaban en Broadway. Eso le impidió prolongar en su momento un lindo romance con su partenaire de «Lazos de sangre» y «Nuestros amores tramposos» («They all laughed») la deliciosa Audrey Hepburn, que prefería seguir viviendo en Paris. Ben Gazzara tuvo además otros cuantos romances, que en tres ocasiones lo llevaron hasta el Registro Civil y le dejaron dos hijas.

Pequeña anécdota: un accidente casero de su tercera esposa le impidió venir en 1999 como miembro del jurado del Festival de Mar del Plata, que presidía Catherine Deneuve acompañada por Geraldine Chaplin y Sonia Braga. Pero en el 2001 apareció, expresamente para excusarse y cumplir con el público, aunque sea con demora. Se mostró entonces muy sencillo, accesible, simpático y, créase o no, enteramente calmo y lleno de paciencia, cosa que extrañó sobremanera a sus seguidores cassavetianos. Eso para la vida, porque, como aseguró en una entrevista de este diario, «sin locura no se puede trabajar».

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