En verdad, él no pensaba dedicarse al cine. Él era aviador. Un tremendo accidente lo obligó a la vida sedentaria. Ahí le tomó el gusto. Así se acercó al cineclub que comandaba el crítico Rolando Fustiñana, alias Roland, y estuvo junto a éste en la creación de la Fundación Cinemateca Argentina. Pronto pasó a dirigirla, acompañado por su primera esposa, Paulina Fernández Jurado (su apellido natal era tan difícil que todos la llamaban directamente por el nombre del marido). Mujer seria, terminante, pero también humorista. Los dos, pero sobre todo ella, eran las personas que mejor hablaban mal de todo el mundo. Escucharlos era un regocijo. Caer bajo su mirada, no tanto.
Juntos proveyeron de material a los cineclubes de todo el paìs, y también armaron su bastión en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, y luego en la Hebraica, la famosa sala del Sha, de calle Sarmiento.
Más tarde, entre Roland, el crítico e historiador Jorge Miguel Couselo y Fernández Jurado, crearon el Museo del Cine Pablo Ducros Hicken, que nació chiquitito en una oficina del Centro Cultural San Martin. Jurado fue el tercer director (después de sus amigos) y con él se expandió. En un momento dirigía simultáneamente la Cinemateca (privada) y el Museo (municipal). Después le llegó la edad de jubilarse, pero se las ingenió para obtener la excepción. También se las ingenió para casarse de nuevo, a los 70 años, con una mujer de 35. Ella, Marcela Cassinelli, lo acompañó y se fue haciendo cargo de todos los dolores de cabeza de la Cinemateca. Por ejemplo, cuando una obra en construcción les tiró abajo la pared medianera, llenando de polvillo los negativos de películas (amigos de EE.UU. vinieron entonces a ayudarlos). O cuando, por gestión de Domingo Cavallo durante el gobierno de Carlos Menem, recibieron como propio el edificio del desaparecido diario Crítica, en Constitución, que se les convirtió en un elefante blanco apenas cambió la cotización del dólar.
Para todo, sean logros o desastres, Jurado tenía alguna salida graciosa. Lo que no siempre tenía era cómo justificar con boletas algunos tesoros de la Cinemateca, o cómo pagarle al personal. Detalle hermoso: aún los que se dieron por despedidos siempre lo recordaron con alegría. Muy enfermo desde hace tiempo, alcanzó a ver la recuperación del Sha, que ahora vuelve a ser programado por Cinemateca.
Nacido el 18 de noviembre de 1923 en Caseros, su pasión por el cine lo llevó también a realizar algunos films documentales como "Imágenes del pasado" (1961), "El tango en el cine" (1979) y "Aquel Cine Argentino (Treinta años sonoros)" (1983). También fue autor de los films "Turay" (1950), "El televisor" (1962), "Taita Cristo" (1965, rodado en Perú), "Rapten a esa mujer" (1967, inconclusa) y "De la tierra a la luna (Misión Apolo)" (1969). Como actor participó en "La tigra" (1953), de Leopoldo Torre Nilsson, y escribió los guiones de "Sombras en el cielo" (1964), y "Gardel, el alma que canta" (1985).
Fue asesor literario del Instituto Nacional de Cinematografía (ahora INCAA), colaboró en el surgimiento de numerosas cinematecas en América Latina (Perú, Guatemala, Panamá, Bolivia, Paraguay). Fernández Jurado fue Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y, en 2005, Ciudadano Ilustre. Presidió el 65° Congreso Internacional Federación Internacional de Archivos de Films realizado en 2009 en Buenos Aires. Recibió el Oso de Plata en el Festival de Berlín (1957) por el corto "Diario" y fue nombrado Caballero de la Orden de las Palmas Académicas de Francia (1979). Organizó el Centro de Investigación de Cine Argentino que funcionó dentro de la Cinemateca, y participó de la restauración de películas y en la producción de varios libros sobre el tema, así como de dos ediciones de un CD dedicado al cine argentino.
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