28 de junio 2012 - 00:00

Adiós a Nora Ephron, una autora brillante

Nora Ephron saltó a Hollywood con «El difícil arte de amar», retrato de su matrimonio con Carl Berstein. Desde entonces, su carrera fue una sucesión de triunfos.
Nora Ephron saltó a Hollywood con «El difícil arte de amar», retrato de su matrimonio con Carl Berstein. Desde entonces, su carrera fue una sucesión de triunfos.
Aunque ni siquiera conozca su nombre, el gran público recordará siempre a Nora Ephron por sus brillantes guiones para Hollywood, con escenas memorables como el orgasmo fingido de Meg Ryan en «Cuando Harry conoció a Sally». Pero Ephron, fallecida anteanoche a los 71 años como consecuencia de una leucemia, fue mucho más que una admirable guionista. Heredera de la lúcida tradición de escritoras neoyorquinas que, en los años 30 y 40, encarnó por caso Dorothy Parker, antes de saltar a Hollywood se destacó por sus agudas columnas para numerosos medios como «The New York Post», «The New York Times» o «Esquire». Durante su vida en las redacciones, conoció también a su segundo esposo, Carl Berstein, uno de los dos artífices del caso «Watergate» en «The Washington Times». El fracaso de esa relación se materializó finalmente, en 1983, en su libro «Heartburn», que inspiró tres años más tarde la película homónima (conocida en la Argentina como «El difícil arte de amar»), que dirigió Mike Nichols con Meryl Streep y Jack Nicholson.

«Silkwood» (1983) había sido su primer guión para Hollywood, un drama inspirado en la historia real de la trabajadora de una central nuclear a la que también dio vida Streep. Aquel trabajo le valió su primera nominación al Oscar, a la que siguieron los guiones de «Cuando Harry conoció a Sally» de Rob Reiner, y «Sleppless in Seattle» («Sintonía de amor»), que se atrevió a dirigir ella misma.

En 2002, escribió la obra teatral «Imaginary Friends» («Amigas imaginarias»), basada en la rivalidad entre Lillian Hellman y Mary McCarthy. También coescribió con su hermana Delia la pieza «Love, Loss, and What I Wore» («Amor, dolor y qué me pongo»), estrenada el año pasado en Buenos Aires con puesta de Mercedes Morán e interpretación, entre otras, de Cecilia Roth y Leonor Manso.

Le divirtió mucho dirigir para el cine, en 2005, su propia adaptación de la famosa serie de televisión «Hechizada», con Nicole Kidman, Will Ferrell, Shirley MacLaine y Michael Caine. En 2006, su recopilación de columnas y ensayos bajo el título de «I Feel Bad About My Neck: And Other Reflections on Being a Woman» («Me duele el cuello, y otras reflexiones sobre ser mujer»), permaneció durante varias semanas en el número uno de la lista de best-sellers de «The New York Times». Hace dos años, una nueva compilación llamada «I Remember Nothing» («No recuerdo nada») ya adquiría, a pesar de lo humorístico, un sesgo más oscuro sobre temas como la vejez y la muerte.

«Cuando empezó a dirigir películas, se convirtió en una inspiración para otras cineastas, pues era una época con muy pocas realizadoras en Hollywood», recordó ayer Taylor Hackford, director de la asociación estadounidense de cineastas DGA. Ephron se crió en una familia de escritores, sus tres hermanas también lo son, y se casó con tres autores: Dan Greenburg, el citado Bernstein -con quien tuvo dos hijos, Jacob y Max- y en 1987 con Nicholas Pileggi, autor del guión de «Goodfellas» («Buenos muchachos»), de Martin Scorsese. Ephron había estado trabajando últimamente en «Lost in Austen», sobre una joven neoyorquina que sueña con la escritora británica Jane Austen.

Entre sus especialidades, la cocina ocupó un lugar privilegiado: además de estupenda chef, cuando su tiempo se lo permitía, escribió numerosas columnas dedicadas a la cocina, y en 2009 rindió homenaje a la chef estadounidense Julia Child en «Julie & Julia», con Meryl Streep en el protagónica. Ephron prologó, por ejemplo, el libro de Francis Mallman «Siete fuegos» (editado en la Argentina por V&R), con elección personal de receta: «Elijo algo llamado Tomaticán, sopa de tomate y pan con huevos escalfados», escribió. «Requiere 300 gramos de un pan que se supone que uno mismo debe preparar. Esto es ridículo y absolutamente exasperante. En ningún lugar dice: si no quiere preparar el pan, puede usar... ¿qué? ¿Masa fermentada? ¿Pan blanco común? Quiero decir, ¿quién hace pan? Vivo en Nueva York, ¿por qué prepararía mi propio pan? Compré un maravilloso pan de campo y preparé esta receta que no es realmente una sopa, sino una especie de mezcla de tomate y pan, a la que, al terminar de prepararla, se le escalfan huevos encima. Sólo toma unos 40 minutos, y déjenme decirles que a pesar de mi irritación con la receta en sí, el resultado es definitivamente celestial: una preparación crujiente, derretida, con sabor a ajo y tierra, y los huevos escalfados la convierten en el paraíso».

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