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Afganistán sospecha que EE.UU. apurará salida
La caída de Osama bin Laden tuvo amplia repercusión en Afganistán, ya que aquél era un estrecho aliado del movimiento talibán. Cambia el tablero político en un país clave para la seguridad global.
El jefe de Al Qaeda fue el hombre que orquestó el ataque contra las Torres Gemelas de Nueva York y fue la causa de que Estados Unidos iniciara la invasión del país que lo acogía, Afganistán, en ese momento regido por los insurgentes talibanes.
Su muerte a manos de comandos de EE.UU. en una vivienda situada de una ciudad del norte de Pakistán desató casi con carácter inmediato la noción de que quedó allanado el camino de la retirada del país para las tropas internacionales.
Sobre el papel, EE.UU. y sus aliados fijaron el inicio de la retirada para julio, y prevén completar la transferencia de la seguridad a las tropas afganas en 2014, aunque con algún tipo de presencia permanente aún por configurar.
Pero la principal duda continúa siendo el papel que jugarán los talibanes el día después de la retirada, inmersos en su lucha contra las tropas internacionales pero considerados por los gobiernos occidentales como un interlocutor diferente de Al Qaeda.
«Esta es una oportunidad para algunos de los líderes talibanes de decir Osama murió y no tenemos por qué seguir con Al Qaeda. Podrían aceptar un acuerdo político que sería bueno para todos, los afganos y también la OTAN», expuso el analista Haroon Mir.
A finales de 2009 se abrió paso en la administración de EE.UU. la idea de que sería posible mantener una estrategia consistente en derrotar
a Al Qaeda allí donde estuviera, y a la vez debilitar a los talibanes para forzarlos a una negociación con el Gobierno afgano.
Tras conocerse la muerte de Bin Laden, el presidente afgano, Hamid Karzai, compareció el lunes ante las cámaras del canal RTA para pedir a los talibanes que abandonen la lucha, tras meses instándolos a avenirse a negociar para su vuelta a la política sin violencia.
Los insurgentes afganos siguen sin pronunciarse, sin embargo, sobre el significado de la muerte del líder de Al Qaeda («No sabemos si realmente murió...», dijo ayer un portavoz de las milicias) pero su entorno parece proclive a seguir combatiendo.
«La muerte de Bin Laden no supone el fin de la guerra. Este período va a ser clave para los talibanes, porque deberán mostrar que aún tienen poder. La guerra contra el terror no es la guerra contra Osama», valoró la diputada afgana Shukria Barakzai.
Violencia
Casi una década después del inicio de la invasión y con 150.000 soldados extranjeros desplegados en Afganistán, la situación sigue siendo de violencia continua y los talibanes, que acaban de anunciar su ofensiva de primavera boreal, ganaron presencia en los últimos años.
En los últimos meses habían proliferado en EE.UU. análisis pidiendo la retirada militar de Afganistán, lo que provoca preocupación en la clase política afgana ante una posibilidad que podría provocar una posible vuelta de los talibanes al poder.
«Debemos eliminar las razones por las que se extendieron el fundamentalismo, el terrorismo y el extremismo en este país. Así que el trabajo de Estados Unidos aquí no terminó», explicó el ex diputado, Daud Sultanzoy.
Ante la perspectiva de una salida ordenada, el Gobierno afgano logró durante la Conferencia de Kabul el apoyo internacional para su «plan
de reconciliación», con una inversión quinquenal de 784 millones de dólares para «reintegrar» a 36.000 insurgentes.
Pero en Afganistán, en realidad, pocos dudan de que la llave del conflicto sigue estando en Pakistán, el valedor tradicional de los talibanes y donde la mayoría de los analistas considera que siguen escondiéndose sus principales líderes, con el mulá Omar a la cabeza.
«Si los líderes talibanes no se sintieran seguros en Pakistán, se rendirían y la guerra podría terminar en un año. Todo dependerá de la comunidad internacional y del comportamiento de los militares paquistaníes», concluyó el analista Mir.
Entre tanta incertidumbre estratégica, la muerte de Bin Laden fue recibida con apatía en la calle: «Estoy muy enfadado por la muerte de Bin Laden», dijo un residente de Kabul, Mahsud Shah, que en realidad se mostraba más indiferente que otra cosa.
Agencia EFE


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