30 de septiembre 2010 - 00:00

Ahora el Fondo embiste contra las calificadoras

Dominique Strauss-Kahn
Dominique Strauss-Kahn
Washington - El FMI criticó ayer el uso -según el organismo, abusivo- de las notas de deuda de los Estados, estimando que las agencias especializadas se benefician de un poder desmesurado sobre los inversores. «Las autoridades deberían continuar con sus esfuerzos para reducir su dependencia de las calificadoras y, cuando sea posible, remover o reemplazar las referencias a las notas en las leyes y las regulaciones, así como en las políticas de garantías de los bancos centrales», dijo el organismo que dirige Dominique Strauss-Kahn en un comunicado.

Estas agencias quedaron bajo la lupa por las fuertes reducciones sobre las notas de los productos crediticios estructurados tras la crisis hipotecaria. Recientemente, fueron criticadas por las rebajas a algunos países europeos.

El Fondo señaló también que hay más de 70 agencias calificadoras en el mundo, pero que sólo tres tienen influencia a nivel global: Fitch Ratings, Moodys y Standard & Poors. El organismo recomendó a los reguladores endurecer la supervisión sobre ellas cuando sus calificaciones se usen en temas regulatorios, especialmente para asegurar que sus métodos sean transparentes y no hayan conflictos de interés.

El problema se evidenció en la primavera (boreal) con la crisis presupuestaria que atraviesa Grecia. A partir de una cierta nota otorgada a un emisor de deuda («Ba1» para la agencia Moodys, «BB+» y para sus competidoras Standard and Poors), ciertos inversores tienen por regla no mantener obligaciones llamadas de categoría «especulativa», lo que automáticamente hace caer su valor. Además, algunos productos de inversión, como los fondos comunes de colocaciones, no tienen derecho a tener obligaciones «especulativas».

El 14 de junio, Moodys rebajó de golpe cuatro niveles la nota de Grecia, para relegarla a esa categoría especulativa. En Europa se consideró que la decisión llegaba en muy mal momento, cuando el país beneficiaba de un plan de rescate de 110.000 millones de euros del FMI y de la Unión Europea.

El Fondo habló de «efecto guillotina», para definir cuando, de la noche a la mañana, siendo que la situación de sus cuentas públicas fundamentalmente no ha cambiado, un Estado puede verse en dificultades para financiarse.

Agencias Reuters y AFP