Nueva York - La aseguradora estadounidense AIG sigue desprendiéndose de activos para salvarse de la desaparición: tras anunciar el martes la venta de sus operaciones financieras en la Argentina, el grupo ayer reveló que se desprenderá de su emblemática sede corporativa ubicada en las inmediaciones de Wall St., más precisamente en la calle Pine.
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La que fue la principal compañía de seguros del mundo fue auxiliada por el Gobierno de Estados Unidos nada menos que en u$s 180.000 millones, a cambio de lo cual Washington se quedó con el 80% del capital de AIG. En plan de ahorros y también para hacer líquidos algunos activos es que saldrán del predio que poseen en el sur de Manhattan, de 66 pisos, 290 metros de altura y 72.000 m2, cifras que lo hacen el quinto rascacielos más alto de Nueva York. Si bien no se informó aún quién compra y cuánto paga, sí se sabe que la empresa seguirá usando el edificio hasta fin del año próximo.
Antes del salvataje oficial -del que estuvo a cargo la Reserva Federal-, AIG perdió el año pasado u$s 100.000 millones; obviamente, operaciones como la venta de un edificio o desprenderse de la Corporación Financiera Argentina no apuntan a «mover la aguja» en el balance anual, sino a achicar gastos y -sobre todo- demostrar que el achique y la reestructuración van en serio.
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