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Aislado dentro del gabinete y también de los intendentes
Un eufemismo -muy sciolista- para comunicarle que lo expulsaba de su cargo. La fusión, en sí misma, podrá ser invocada como un consuelo menor, sin embargo no compensa el hecho de que uno de sus «enemigos» domésticos, Ricardo Casal, se convierta en el mismo acto en sucesor y superministro.
En un esforzado último rapto de urbanismo político -no fue su fuerte como ministro-, Stornelli se mostrará hoy en un acto -su despedida del cargo- junto a Scioli y Casal en Vicente López. Formalmente delegará la función mañana. En horas mas retomará su antiguo oficio de fiscal Federal,
En el Ministerio Público se aplica la doctrina de otorgar licencias a sus miembros a diferencia de los jueces, como es el caso de Guillermo Montenegro, que tienen que renunciar si pretenden asumir otro cargo. Montenegro lo hizo para jurar como ministro de Seguridad de Mauricio Macri.
La «reserva» del cargo en fiscalía fue, en su momento, invocada por dirigentes que desprecian a Scioli como uno de los elementos que le impedía expulsar a Stornelli de la cartera de Seguridad. Vestían sus sospechas con una pregunta: «¿Quien se anima a quedar en mala relación con un fiscal Federal?».
Así y todo, al final ocurrió. El gobernador invitó al ministro a su despacho, le avisó sus planes y le informó que sería Casal quien se haría cargo de la cartera unificada. Para las 16 Stornelli tenía programada una reunión con periodistas para dar un informe sobre los «avances» de su gestión. Destino de papel picado.
Ayer, dato típico de los buenos modales del sciolismo, desde la gobernación se abundó en elogios y agradecimientos al saliente. «No se va porque haya hecho las cosas mal, sino porque se pueden hacer todavía mejor» dijo, al límite del aforismo, Alberto Pérez, el jefe de Gabinete bonaerense.
En rigor, existe una triple objeción -que se arrastra casi desde el día mismo en que Stornelli asumió en La Plata- sobre el ahora ex ministro: para Scioli, nunca se «integró» de manera contundente al gabinete, se dedicó excesivamente a preservar su propia figura y desatendió el vínculo con los intendentes.
«Lo único que quería Stornelli era no aparecer y en el tema Seguridad, aunque lo que más se puede hacer es empatar, lo mínimo es tener un funcionario que dé la cara. Eso lo tenía que hacer Scioli o lo tenían que hacer los intendentes; jamás lo hacía el ministro» detalló, anoche, un ultra sciolista.
Esa crítica, ahora recrudecida, es previa al papelón del Caso Pomar, episodio en el cual Stornelli denunció ante la Justicia una conspiración para perjudicarlo. Así y todo, aunque Casal es uno de los hombre de recambio desde hace casi un año, Scioli había preferido no entregarlo hasta que se diluyera, de la agenda pública, aquel hecho.
Hizo, en medio, un testeo a Santiago Montoya: le ofreció la oficina de Stornelli, el ex titular del ARBA pidió «plenos poderes» en el funcionariato y en lo administrativo ante lo cual el gobernador primero dudó de haber hecho lo correcto y luego, directamente, reculó con el ofrecimiento.
Casal, el reemplazo, hasta ahora ministro de Justicia -mañana seguirá con esa función y sumará, «a cargo», Seguridad hasta tanto la Legislatura vote la reforma de la ley de Ministerios: hoy lo hará el Senado pero faltará Diputados- llega con menos currículum pero con más inquietud y más pretensiones.
La suerte y sus oficios sigilosos lo colocaron en Justicia. Se le atribuye haber «operado» en la Corte bonaerense el aval para que Scioli pueda subsanar sus problemas catastrales para ser candidato a gobernador pero el empujón definitivo se lo dio una caída: la de Joaquín Da Rocha, a quien el gobernador anticipó como ministro pero se quedó en el camino por un supuesto pedido del grupo Clarín que arrastraba malestar con el jurista por su desempeño durante el jury al ex juez Roberto Marquevich, por la detención de Ernestina Herrera de Noble.
Casal llega para darle «visibilidad» a la gestión de Seguridad. Con más aspiraciones -y quizá más aptitud- para «comunicar», mayor destreza para el diálogo con el cacicazgo del peronismo, sobre todo los intendentes.
Respeta, además, una tendencia en el cambio de perfiles que arrancó con la llegada de Eduardo Camaño a gobierno, continuó con el reemplazo de Claudio Zin por Alejandro Collia, el desembarco de Martín Ferré en Producción, y de Baldomero «Cacho» Alvarez en Desarrollo Social, y tuvo como emblema la sucesión de Javier Mouriño por José «Pepe» Scioli.
En todos los casos, hay un giro hacia figuras de más relieve político que técnico. Ocurre -o Scioli quiere que ocurra- con Casal en lugar de Stornelli. Una matriz para construir la plataforma política desde la que despegar en 2011. ¿Pista de destino?: todavía incierto.


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