- ámbito
- Edición Impresa
“Al autor de provincia le cuesta traspasar fronteras”
Para la autora, el éxito de un libro suyo como «El revés de las lágrimas», sobre una cautiva, se debe a que «es una novela romántica, pero verosímil en la parte histórica; por eso se da en los colegios».
Periodista: ¿Para usted, qué hizo que sus novelas se volvieran inesperados best sellers?
Cristina Loza: «El revés de las lágrimas», que fue finalista del Premio Planeta, a pesar de que está ambientada en 1860, interesa porque había un agujero en nuestra historia, no se le había dado voz a la causa indígena. Mi personaje es una cautiva que por primera vez es descripta por una mujer, todas la anteriores habían sido narradas por hombres. Yo quería hacer una cautiva que se defendiera y buscara su destino. Quizá todo nace cuando leí «Una excursión a los indios ranqueles». Mansilla dice allí «esas pobres mujeres llorosas con su destino». Entonces me dije, vamos a hacer una que se defienda, que se enamore, que forje su destino. Siempre pensé que ese libro tenía algo de magia, no sólo lo leen mujeres, tambien varones. Me parece que tiene que ver con la resiliencia, esa capacidad de las personas para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves. Creo que la historia ayuda a recordar la posibilidad que tiene cualquier ser humano de tomar su destino en las manos. Creo que en esa novela sumé cosas. Es un novela romántica, pero verosímil en la parte histórica, es ficcional en los huecos que los hechos históricos me lo permitían, por eso es que se da en los colegios.
P.: ¿Cómo pasa luego a algo distinto en «La hora del lobo»?
C.L.: Es que esa novela está conectada con «Malasangre», que es la que acaba de ser reeditada.
P.: ¿Reeditada? Algunos piensan que es una precuela, que volvió atrás para contar la historia juvenil de la protagonista de su novela más leída.
C.L.: Es mi primera novela. Ahí cuento de Pilar con 12 años, en la casona de su abuelo, patriarca y caudillo, y viendo un mundo de adultos que ella no entiende. «Malasangre» tiene un final abierto porque es la historia de un verano, termina cuando ella tiene que regresar a la ciudad para volver al colegio. Es una novela de iniciación y aprendizaje. Años después volví al lugar donde esta ambientada «Malasangre», un campo de mi familia, y me parecía que todos los personajes me reclamaban tener un destino, del que yo los había privado. Había un montón de misterios que habían quedado sin resolver. Por eso a esos personajes los tomo 25 años después en «La hora del lobo».
P.: ¿Cómo continuará esa saga familiar de los Montero?
C.L.: Algunos autores piensan de otra manera, pero yo sostengo que las novelas están esperando al escritor. «Malasangre» surgió cuando estaba pasando una depresión muy profunda. Yo no provengo de la carrera de Letras, soy fisiatra, fisioterapeuta, por lo tanto toda mi base es de medicina, pero también es el conocimiento del dolor del otro. Además, me parece que escribo como una lectora. La pasión por la narración estuvo en mi siempre, pero si me hice fisioterapeuta fue porque muchas veces debemos elegir entre la pluma y el tenedor. Pero todo lo que se vive va coloreando después la escritura. Un día estaba en un taller literario y apareció la primera frase de mi primera novela, la punta del ovillo, que supongo que se estuvo formando durante 50 años de vida.
P.: ¿Por qué su primera novela sale recién ahora?
C.L.: Porque quedó ahí. Luego vino «El revés de las lágrimas», la novela sobre la cautiva, que publicó El Emporio y fue un éxito importante; en Córdoba vendimos 25.000 ejemplares. Ahí es donde la editorial de Buenos Aires compra los derechos y vuelve a editar todos mis libros. Por eso mi primer libro es en la Ciudad de Buenos Aires y para buena parte del resto del país, la última en aparecer. Me fue beneficioso, al salir finalista del Premio Planeta, no publicar en Buenos Aires, porque tomé un editor de acá, y me ofreció todo lo mejor porque no tenían novelistas. Después sí se busca traspasar las fronteras, que es siempre lo difícil para el escritor de provincia.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
C.L.: «Un oso en Karantania».
P.: ¿Karantania?
C.L.: Es el nombre de Eslovenia en el siglo cinco. Mi familia es eslovena. Mi mamá es la última que queda. Fui encontrando documentos e historias apasionantes. Por ejemplo, una foto de mi bisabuela que perdió la razón en la Primera Guerra Mundial porque perdió cinco hijos. Tengo muchas fotos en atriles, y estoy esperando que ellas me dicten lo que quieren que yo cuente.
P.: ¿Usted empieza por los títulos?
C.L.: Según. Mi primer libro fue en literatura la primera vez en todo, también en la computadora. Un día, cuando tengo terminada la novela, toco mal una tecla y la computadora se tragó toda la novela corregida. Un técnico cuando logró rescatarla de a pedazos, me preguntó: ¿ahora qué nombre le ponemos al archivo? Malasangre, le dije, y así se llamó la novela. Los críticos han escrito que se llama así porque los personajes son coléricos, y fue sólo porque yo me hice mucha malasangre. En el caso de «El revés de las lágrimas» apareció de lo que siente la cautiva cuando acaba de ser capturada y es llevada por el indio cegado de lujuria hacia la toldería.
Entrevista de Máximo Soto


Dejá tu comentario