15 de julio 2009 - 00:00

Alemania choca otra vez con el racismo

Un grupo de alemanes e inmigrantes manifiesta el sábado pasado en Dresde con un cartel que dice: «El racismo mata», en homenaje a la joven egipcia Marwa, asesinada el 1 de julio.
Un grupo de alemanes e inmigrantes manifiesta el sábado pasado en Dresde con un cartel que dice: «El racismo mata», en homenaje a la joven egipcia Marwa, asesinada el 1 de julio.
Berlín - El racismo en Alemania está en el punto de mira. El asesinato de la egipcia Marwa El Sherbini, de 31 años y embarazada, mientras declaraba ante un tribunal en Dresde, levantó ampollas en una sociedad que celebraba la convivencia multicultural. Varios grupos musulmanes denuncian que no se trata de un hecho aislado y que la muerte de la joven es una prueba del racismo encubierto que practican los alemanes.

Estas acusaciones se suman a las del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, quien exigió el pasado domingo al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas un juicio contra Alemania y sanciones concretas contra Berlín por el asesinato de Marwa.

La joven compareció el 1 de julio ante un tribunal en Dresde para denunciar que un hombre de unos 28 años, un alemán de origen ruso, la había insultado por llevar el velo o hiyab, llamándola «terrorista» e «islamista», tras pedirle que dejara sitio en las hamacas para su hijo de tres años.

Confusión

Durante la audiencia, el acusado se abalanzó contra ella y le asestó 18 puñaladas. Se lanzó también contra el marido de la joven, lo que provocó que la Policía se confundiera de objetivo y los agentes, en lugar de darle a él, le dispararan al marido en una pierna.

El padre de la joven declaró al diario Bild que le gustaría que el acusado se enfrentara a la pena de muerte y protestó contra las autoridades por no haberle informado sobre el triste destino de su hija con mayor rapidez.

Egipto, país de origen de la joven y donde fue enterrada la semana pasada, recordó a Marwa como la mártir del hiyab, un símbolo para muchos creyentes en el mundo islámico.

El presidente iraní evocó su recuerdo y aprovechó los hechos para arremeter contra Occidente, y más en concreto contra Alemania.

Declaración

Por miedo a que se repita la ola de violencia surgida en Dinamarca tras la publicación de unas viñetas de Mahoma, un portavoz del Gobierno alemán se apresuró a declarar que en el país no existe ningún tipo de clima racista. «En los últimos días, todos los representantes del Gobierno dejaron bien claro que en Alemania no hay sitio para la xenofobia o la islamofobia», señaló ayer Ulrich Wilhelm, portavoz de la canciller alemana, Ángela Merkel.

Agregó que desde el Gobierno condenan ese tipo de incidentes, independientemente de dónde ocurran, recordando las declaraciones de Ahmadineyad. «Se apresuran a adoptar resoluciones cuando en otro país ocurre una milésima de lo que aquí ha ocurrido, pero en su propia tierra los derechos elementales de los hombres son ignorados», aseguró.

La canciller Merkel ya inició conversaciones con los grupos musulmanes. Mientras, el secretario general del Consejo General de Musulmanes en Alemania, Aiman Mazyek, sostiene que la islamofobia existe «desde hace mucho» en el país y condenó el asesinato como «brutal, racista e islamófobo».

A su vez, en respuesta a estas declaraciones, 1.500 alemanes salieron a las calles de Dresde este sábado para protestar precisamente contra el racismo. Eran 1.500 alemanes que, al igual que los musulmanes, portaban rosas blancas en señal de dolor y rechazo por el asesinato. En las pancartas se podía leer: «Estamos en contra del terror, que se detenga la persecución al islam».

Algunos medios árabes llevan ya varios días provocando la confrontación con Occidente por el caso de la mártir del hiyab. Denuncian hostilidades contra el islam en Alemania y aseguran que los musulmanes son tratados como ciudadanos de segunda clase.

Alemania cuenta con la segunda mayor población de musulmanes en Europa occidental, sólo superada por Francia. Es ahora cuando esas minorías descubren que lo que parecía una convivencia idílica no es tal.