“Alemania”: trama sencilla para lucimiento de estupendo elenco

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«Alemania» Dramaturgia y Dir.: N. Ciatti. Int.: I. MoschE. Alonso, M. Noher, G.Botto, F. Zothner. Mús. Orig.: N. Ciatti, A. Haksten. Esc.: M. Tirantte. Vest.: G. Fernández. Dis. Luces: M. Sendón. (Teatro Anfitrión).

Como si nada hubiera pasado, un escritor regresa de Europa veinte después de haber abandonado a su mujer y a sus dos hijos. Con algún que otro reproche, éstos le dan la bienvenida y el hombre se instala rápidamente en su antigua cama matrimonial. En su infinito egoísmo se conduce como amo y señor sin percibir que sus tres subordinados tienen un plan oculto para cobrarle en metálico tanta ausencia y descuido.

El tono de humorada que sobrevuela esta pieza del joven director Nacho Ciatti, y su sencilla trama argumental, llevan a concentrar toda la atención en el juego actoral.

Aunque en escena conviven diversos estilos de actuación, todos son funcionales y generan una dinámica vincular más atrayente que la que sugiere el texto dramático.

Eugenia Alonso compone a una madre patética que no le teme al ridículo y que pese a su resentimiento sueña con recuperar el amor de su marido. El hijo mayor (a cargo de Michel Noher) es el más serio de la familia y oculta su desamparo bajo una coraza fácil de resquebrajar. Y el hijo menor (Guido Botto Fiora) tiene el encanto de un niño cuando se entrega con total inocencia a los ambiguos juegos de su padre.

En el rol de pater familias huidizo, Iván Moschner brinda una actuación antológica. Su personaje moviliza a todos los demás con una gran fuerza centrípeta que el actor subraya con su extraordinario compromiso físico. Además, genera situaciones muy lúdicas, se atreve al delirio y brinda una sorpresa tras otra con sus cambios de máscaras y el despliegue de una personalidad múltiple. Moschner compone a un escritor engreído por las pretensiones de su oficio, que se las da de patriarca cuando es incapaz de asumir la más mínima responsabilidad con respecto a sus hijos. Caprichoso como una criatura sólo vuelve al redil para obturar el vacío de una pérdida amorosa que lo dejó viudo en plena luna de miel.

Los planes contra él fracasan, pero no por la torpeza de los confabuladores ni por la astucia de éste. Es su falsa promesa de amor (hacia sus hijos y hacia su ex mujer) la que confunde adhesiones y odios. Vale la pena atender a este subtexto que le da un sentido más pleno al inesperado desenlace.

Entre escena y escena, el cuarteto de cuerdas Edelweiss ejecuta varias melodías que parecen evocar un paraíso perdido.

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