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Alta en el cielo: Buenos Aires se consagró en el capital del rugby
El seleccionado de Seven de la URBA fue campeón en el Mundial de Clubes disputado en el imponente estadio de Twickenham en Londres
Dale campeón, dale campeón... Las fotos más esperadas. El plantel celebra el título conseguido en La Catedral. El capitán Tobías Moyano fue el encargado de recibir el trofeo en Londres.
Y vaya si ese primer día fue valioso. La zona, según lo que había contado Diego Albanese una semana atrás en este mismo suplemento, era compleja. Los rivales, todos de fuste.
El tercer puesto del año pasado había que refrendarlo y a priori la campaña iba a resultar compleja. Sin embargo, en ese glorioso primer día, el equipo le dio una lección a todos sus rivales y nada de ganar ajustadamente, pues fueron todos partidos resueltos con -por momentos- maestría y lujos.
Terminado ese día como clasificados número 1 en el orden, en el comienzo de la segunda y última trenadores ciónjornada de competencias, los expertos del Seven inglés daban por candidatos excluyentes al seleccionado porteño. Phil Greening, ex capitán del seleccionado inglés de Seven y ex miembro del staff de endel seleccionado de la Rosa en la especialidad, citaba a las Águilas como el candidato más importante, mientras que al medio scrum de Newman Marcos Bollini como una de las figuras del torneo, sin dudas por su notable actuadel primer día, que iba a refrendar en esa segunda jornada de Twickenham.
Y el partido de cuartos de final ante Cardiff Blues, el primer rival de la zona de grupos que curiosamente terminó 8º y fue el rival a vencer para seguir rumbo al Oro, se dio el encuentro más duro, parejo y peleado del equipo en la competición. El 7-5 final alcanza para graficarlo.
La semifinal, contra el equipo ruso de Krasnodar (una verdadera sorpresa), fue pasada con solvencia y con autoridad, con una actuación más que convincente por parte de Las Águilas, que ya se aseguraban de esta forma haber mejorado la actuación de 2103. Pero querían más...
Y allá fueron en la definición ante Auckland Blues. Y si bien esa final arrancó de manera favorable (7-0), rápidamente los de Nueva Zelanda se pusieron 7-17 arriba. Pintaba complicado el panorama... Sin embargo, y con una clase de rugby de siete, los porteños no sólo remontaron el marcador sino que se pusieron 26-17 -a resguardo de cualquier remontada kiwi- con apenas segundos por jugar.
¡Campeones! Se escuchó en Twickenham tras la chicharra y el festejo (mesurado por cierto) de la delegación no se hizo esperar.
Enorme victoria en el Mundial de Clubes que refrenda lo expresado por Diego Albanese: La URBA le da mucha importancia al Seven. ¡Ni que lo diga!


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