7 de enero 2010 - 00:00

Amable relato con el precioso don de la naturalidad

«La Tigra. Chaco» en un relato de fresca sencillez sobre gente cordial, ambientado en un lugar tranquilo, con intérpretes de gracia natural, bien llevados por unos directores con buen ojo.
«La Tigra. Chaco» en un relato de fresca sencillez sobre gente cordial, ambientado en un lugar tranquilo, con intérpretes de gracia natural, bien llevados por unos directores con buen ojo.
«La Tigra. Chaco» (Argentina, 2008, habl. en español). Guión y dir.: F. Godfrid y J. Sasiain. Int.: E. Tronconi, G. Docampo, A. Allende, F. Ibáñez, R. Grancic. 

No hay ninguna tigra en esta película. Ni siquiera en forma figurada, porque la chica coprotagonista más bien es como un venadito (y el protagonista no es precisamente un tigre ni un puma, pero por suerte tampoco es un ganso). En cambio vemos unos cuantos animales domésticos, sobre todo una gallina que aparece rezongando en el fondo de una pileta sin agua, y un perro que sale a la calle sin el menor problema, y vuelve cuando quiere. El portoncito de la casa está siempre abierto, incluso de noche. Ah, qué lindo es vivir así, tranquilo, como los habitantes de este pueblo: La Tigra, departamento OHiggins, en el medio del Chaco.

Hasta ahí va nuestro personaje, un muchacho que quiere visitar a su padre camionero. Y como éste anda por las rutas, el pibe se queda a esperarlo, recordando anteriores estadías, reencuentra gente amiga que matea en el umbral a toda hora y sin apuro, y, pequeño detalle, reencuentra a la chica del cuento, su amiguita de la infancia, que ya está crecidita, y linda, y además es muy simpática. ¿Pasará algo? El problema es que ella tiene un novio de curriculum presumiblemente peligroso: es el hijo del carnicero. Bien, lo que pasa, es que el público se deja ganar por la cordialidad de los habitantes, la amena tranquilidad del lugar, la fresca sencillez del relato, y la gracia natural que muestran sus intérpretes.

Súmese a ello, el don de observación y la buena mano de los directores debutantes Federico Godfrid (de la revista «Grupo Kane») y Juan Sasiain («Beto el suertudo»), ambos surgidos de Imagen y Sonido de la UBA y ambos también autores de teatro y especialistas en dirección de actores, y el precioso don de la naturalidad de Ezequiel Tronconi, también comediógrafo, y Guadalupe Docampo, menudita y encantadora, dos jóvenes que han sabido moverse en publicidad, televisión y teatro, y ahora lucen otra faceta de igual o mayor brillo. Ante su labor, él fue nominado como mejor revelación por la Academia Argentina de Cine, y ella ya recibió el premio de la Asociación Argentina de Actores. Bien dirigidos, los lugareños también se lucen. En resumen, una película deliberadamente pequeña, y felizmente agradable, que da gusto ver.

Dato al margen: de este pueblo es el campeón mundial peso pluma Sergio Víctor Palma, alias El Boxeador Culto, por su afición a la lectura y sus dotes de poeta y guitarrista. «Ojalá pierdas rápido, así no te estropeás», le decía el Gordo Cognigni, de la revista «Hortensia». Perdió en el 82, porque tenía la cabeza puesta en sus amigos que habían ido a Malvinas. Pero ésa es otra historia.

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