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“Amores retro”: ingenio y humor muy negro
Natalia Cociuffo, Diego Bros, Virginia Kauffmann y Gaby Goldman idearon y protagonizan un divertido espectáculo en el que resignifican completamente ingenuas canciones populares.
Después de cuatro años de rendir tributo a Sandro en «Quiero llenarme de ti», Diego Bros, Natalia Cociuffo, Virginia Kaufmann y Gaby Goldman eligieron esta vez a Palito Ortega, Los Rancheros, Paz Martínez o Heleno para contar la historia de cuatro personajes tan «freaks» como inolvidables.
A diferencia de «Quiero llenarme de ti», donde utilizaron sólo temas de Sandro para representarlos de un modo verdaderamente inesperado y original, aquí las canciones emblemáticas de los 50, 60 y principios de los 70 están puestas para caracterizar a cada personaje.
En «Amores retro» vuelve a sobresalir la inventiva con que logran descomponer temas ingenuos y románticos, cuyo sentido iba en una sola dirección, para transformarlos a fuerza de un humor negro hasta morboso.
Así se resignifican las letras de «El verano llegó», «Se parece a mi mamá», «Fruta verde», «Llora el teléfono», «La sonrisa de mamá», «Chiquillada», «Una noche excepcional» o «Quiero gritar que te quiero».
Entre los mejores, se destaca la vendedora de cosméticos Keysi Make, quien busca convencer a sus clientas de que, por más feas que sean, nunca deben perder las esperanzas pues todo puede ser aún peor. La mayor ovación la despierta una nena sádica (interpretada por la excelente Natalia Cociuffo), que habla con un pajarito sobre su madre, con tanta saña que lo estrangula y luego pretende que resucite y vuelva a volar. Lo más interesante es la exposición más corporal que verbal de la clara metáfora sobre el vínculo madre-hija, en el marco de un cúmulo de mandatos, sobreprotección y exigencias desmedidas.
También se valen de la fotonovela para contar el traumático pasado de otro de los personajes, víctima de otra madre desalmada, y con el mismo humor negro representan la muerte en el hospital o los rituales de un velorio.
Sin énfasis ni discurso, el espectáculo brinda una idea acabada de que esa música naif precedió a la dictadura. Sobre el final, dejan entrever la posibilidad de un espectáculo futuro, que podría avanzar en las próximas décadas. Sólo basta una imagen fugaz para sugerir que, tras el horror y censura de los 70, volverán con el destape de los 80 y 90.
Si bien en su conjunto, el espectáculo convence y divierte, mejoraría con una mayor síntesis y un ajuste de las transiciones.


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