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Andrea Frigerio: con un “Pasaje de vida” debuta en el cine
Andrea Frigerio: “No me gusta el movimiento cíclico de nuestra historia. No estoy a favor de los enfrentamientos, mucho menos de la violencia”.
Periodista: ¿Nunca la habían convocado para el cine?
Andrea Frigerio: Diría que me llamaron y me desllamaron. Hubo un par de propuestas anteriores, pero se les cayó el crédito. Y otra que me ilusionó, pero la directora decidió que no tenía el "physique du role" adecuado. Ahora no sé cómo me eligieron. Un día me llaman, "Estamos preparando 'Pasaje de vida', queremos que usted haga el papel de madre de Carla Quevedo", y se concreta. Es un papel pequeño, pero la película es buena, basada en recuerdos de los propios padres del autor, Diego Corsini. Cuando la vi entera me emocioné. También Mariano Cohn y Gastón Duprat, los de "El hombre de al lado", me llamaron para "Ciudadano ilustre", con Oscar Martínez y Daddy Brieva.Y ahora me invitó Amparo Ibarlucea, que espera "Rosa azul" en octubre, justo cuando florecen las rosas.
P.: En los tiempos evocados por "Pasaje de vida" usted era estudiante. ¿Cómo recuerda esos años?
A. F.: Yo vivía totalmente ajena a la política. En tiempos de Isabelita iba a un colegio de monjas, nadie nos comentaba nada, salvo un hombre que fue dos veces con un mapa con muchas partes en rojo, para advertirnos que el comunismo avanzaba peligrosamente. No le entendíamos mucho, teníamos 13 años, pero me daba curiosidad ese hombre con su discurso tan encendido. Lo observaba, y apenas se iba empezaba a parodiarlo. A la UBA entré en 1979. Eran los últimos coletazos de los tiempos violentos, y mi padre, cada mañana, me recomendaba escapar de cualquiera que quisiera hablarme de política. Con ese consejo diariamente repetido, apenas alguien se me acercaba con un volante entraba en pánico. ¡Tenía 17 años! Recuerdo un grupo que siempre me invitaba a participar en sus reuniones, la Doble Hélice.
P.: ¿La Doble Hélice?
A.F.: Si, como la estructura cromosómica. Es que estudiaba en Ciencias Exactas y Naturales. Iba a ser bióloga. Pero me casé y abandoné a los 20, cuando nació mi primer hijo. Poco después empecé a trabajar en publicidad, vino el modelado en pasarela, entré
a la televisión de la mano de Juan Alberto Badía, y luego de muchos programas me llamaron para ser actriz. Yo sabía que tenía esa vocación.
P.: ¿Y qué pasó con la biología?
A.F.: Ese es mi lado B. Con el tiempo me desarrollé también como perfumista, y hoy tengo mi propia empresa. Me gusta provocar esa comunicación sensorial, también artística, que permiten los perfumes.
P.: ¿Cómo era entonces la Facultad de Ciencias Exactas?
A.F.: Toda limpia, brillaba hasta el piso, siempre encerado. Al Pabellón 2 de Ciudad Universitaria, donde estaba Exactas, le decíamos "el monumento al piso". Ahora mi hijo se recibió de politólogo en Ciencias Sociales, en Parque Centenario. Las veces que pasé por ahí estaba todo pintado y lleno de carteles.
P.: ¿Alguna de sus compañeras de entonces se hizo guerrillera o fue desaparecida?
A.F.: Que yo sepa, que me haya enterado, no. A lo mejor hubo, por decisión política, porque se enamoró de un chico, porque quiso vivir una emoción épica, y ahora es parte de la historia. Yo tengo una posición muy clara respecto a eso de entregar la vida por ideales o banderas políticas. Mi bandera es ayudar a los demás, conseguir cosas para otras personas. No me gusta el movimiento cíclico de nuestra historia. No estoy a favor de los enfrentamientos, mucho menos de la violencia. Todavía no entendemos que el camino es la ley, la justicia, ser buenas personas.
P.: Eso lo aprendió de sus padres.
A.F.: Eramos una familia de clase media laburante. Mamá era maestra, viajaba todos los días hasta una escuelita de la ruta 26, por Del Viso, que empezó con un vagón de ferrocarril y fue creciendo gracias a la cooperadora. Ella no le ponía bombas a nadie, estaba comprometida con su escuela, no quería que los chicos se perdieran una clase, para mí eso es hacer patria. Mi padre era ingeniero como mi abuelo, que llegó a gerente de Telpin, la cooperativa telefónica de Pinamar creada con el doctor Enrique Susini, impulsor de la radio, el cine y la televisión en nuestro país. Telpin tuvo discado directo internacional cuando acá en Buenos Aires todavía había que llamar a la operadora.
P.: Volvamos a usted. Sus primeras actuaciones fueron en la comedia, ¿cómo se incorporó al drama?
A.F.: Mi marido siempre me dijo que debía hacer drama. Primero me eligió José María Muscari para integrar "La casa de Bernarda Alba", que hacemos en el Picadilly con un tono de comedia dramática. La gente se rie, llora, vuelve a reir, se estremece, y así. Eso me gusta. Y él viene casi todas las funciones, siempre sugiere formas distintas de decir una línea, nos hace crecer. "Ciudadano ilustre" también es una comedia dramática. Ahí Oscar Martínez es el hombre que se va al mundo, triunfa y vuelve a su pueblo. El ha cambiado, y el pueblo también.
P.: Última pregunta, ¿cómo era Carlos Moreno?
A.F.: ¡Ah, él me enseñó la música de la comedia! Cómo manejar los tonos, los tiempos, los baches, atender la risa del público, no usaba un cronómetro como Billy Wilder pero tenía gran sentido del ritmo, y nos enseñaba. Me gusta seguir aprendiendo.
Entrevista de Paraná Sendrós


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