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Andrés Gelós: el camino de la producción “indie” a la Fox
Andrés Gelós: «El trabajo en una productora independiente es más personal y rico, pero no hay quien no sueñe con una empresa de alcance internacional».
Periodista: ¿Cómo incide la literatura en sus productos? ¿Eso vuelve un programa más atractivo para un nicho, pero no es menos «comercial» para el público masivo?
Andrés Gelós: Los programas que escribí y produje nacieron de obras literarias. Los pienso como cuentos, novelas, no como guiones de TV. Desarrollo las tramas con el mismo sistema o arranque que utilizo cuando se van a publicar en papel. Las ideas luego terminan siendo un borrador que luego se transforma en guiones. La mayoría de las historias de «Dromo» son de uno de uno de mis libros de cuentos, «Unomono». Después adapto todo a los tiempos y necesidades de la producción.
P.: ¿Se pierde vuelo en ese pasaje?
A.G.: Depende para donde se trabaje. Escribo «Kdabra» para Fox y si sueño que el primer capítulo arranca en la Patagonia, se viaja allá a filmar, sin vueltas. Pero también escribí y produje «Dromo», en coproducción con Alejandro Fiore, con bajísimo presupuesto. Entonces ahí tratamos de bajar a la realidad y la primera escena es en un bar, se usa un coche prestado y todo es contemporáneo porque es más barato. Pero no quita que la inspiración surja de historias clásicas o de venganza, por ejemplo, como el caso de «Vindica».
P.: ¿De qué trata «Vindica»?
A.G.: Son 13 historias de venganza personal, algo de lo que literatura está muy poblada, desde «Montecristo» hasta «El fantasma de la Opera» o «Secuestrado» de Stevenson. Busco sacar de ellas el patrón, la fibra, y lo vuelco a un relato contemporáneo. De nuevo, sería hermoso hacer TV de época y viajar al siglo XVI o al Mayo francés, pero desde los costos de producción resulta, lamentablemente, inviable para los independientes. Ni si quiera las grandes productoras lo intentan.
P.: Tal vez «Ideas del Sur» o «Polka» no lo intenten porque no les interesa o porque apuntan al constumbrismo.
A.G.: Es probable, pero me parece un camino auténtico porque no creo que Adrián Suar o Marcos Carnevale se interesen por el cuento fantástico, ése es no es su universo. En cambio, hacen lo que saben y lo que los identifica, costumbrismo. Ellos son eso y no les creería si hicieran los «Expedientes X» porque no vieron nada ni saben hacerlo. En cambio yo me crié con eso y mi casa está llena de muñequitos de plástico.
P.: Pero Polka incursionó en el género con la olvidable remake de «El hombre que volvió de la muerte», por ejemplo.
A.G.: No me gustó, era casi un ridículo, además tenían tantos recursos, por ser Polka, que podrían haber hecho algo mejor. Nosotros hicimos «Dromo» y recibimos cinco nominaciones al Martín Fierro. No teníamos ni oficina ni productora.
P.: ¿Cuáles son las principales diferencias de trabajo en ambas instancias, productoras independientes y productoras majors?
A.G.: Nada en común. En Polka puede que no se conozcan los guionistas, con los editores, con los técnicos, en cambio cuando se trabaja con tan pocos recursos, yo hice de guionista, también de productor y termino como extra. Uno está más involucrado en el producto, es todo más casero, menos profesional. Pero reconozco que a la larga todos los productores soñamos con hacer ese «Poliladron» independiente que termine convirtiéndose en Polka. En mi caso lo digo en cuanto a la fortaleza de la empresa y no tanto en por el tipo de negocio que Suar encara. Porque yo trabajo mucho para afuera y Polka se concentró en el mercado local.
P.: Entre sus trabajos para la TV internacional se destacada «Kdabra» para Fox, que le compró la idea siendo usted bastante desconocido en el medio. ¿Cómo fue?
A.G.: Fox empezó a recorrer Latinoamérica en busca de guionistas para su primera ficción original, y cuando les presenté tres diferentes historias, advertí que no les había gustado ninguna. Entonces pensé que no podía perder esa oportunidad así que, perdido por perdido, les conté algo completamente incorrecto. El motor inicial de «Kdabara» es la manipulación genética, y ahí vi que uno de los directivos de Fox levantó la ceja. Entonces seguí hablando buscando que siguiera elevando las cejas lo más alto posible, inventé sobre la marcha, por mera cuestión de efecto. Se trató de aprovechar la desesperación de ellos por encontrar algo original y a mi se me escapaba oportunidad si no hablaba. Luego fui a contar lo mismo a Los Angeles, tuve seis entrevistas y advertía cómo escarbaban porque yo no tenía grandes antecedentes en TV.
P.: Pero sirvió más la suerte de principiante que la experiencia.
A.G.: Sí, y no creo que me hayan elegido por capacidad sino por impericia, al no tener experiencia, inventé de modo no convencional y a la vez sorpresivo. No estoy en TV hace años y sólo había participado en el equipo autoral de «Sin código», «Valentino el argentino» y producido «Reinas magas».
P.: «Kdabra» empezó casi por azar y ahora está afianzada en rating.
A.G.: Sí, son tres temporadas, la primera terminó y es la serie más vista de Latinoamérica. Le ganamos a superproducciones como «V», pero en junio se lanza en España y es posible que tenga una versión en Estados Unidos.
P.: ¿De qué trata «Kdabra»?
A.G.: Se basa en un chico que tiene poderes y cree hacer lo mismo que los ilusionistas que ve en TV. Pero cuando descubre que lo de ellos son trucos y lo de él es talento y magia, advierte que es producto de una anomalía genética y va buscando a alguien como él, pero es único. Qué clase de anomalía padece, he ahí el interrogante. Además vive en una comunidad religiosa cerrada, católica fanática donde lo cuidan como si fuera un mesías.
P.: Qué opina sobre los productos de suspenso y terror de la TV local?
A.G.: Lo último bueno fue Narciso Ibañez Menta, pero no «El pulpo negro», que era malo, sino «Cuentos para no dormir» o todas adaptaciones de Edgar Allan Poe con Osvaldo Pacheco, el resto fueron intentos fallidos. «El garante» también fue bueno pero es más suspenso que terror, sobre la base de un supuesto fantástico, un «Fausto» de estos tiempos.
P.: «Reinas magas» fue un programa para chicos y ahora seguirá en el género con «Tramacuentos» ¿qué intenta volcar en esos programas? ¿Cómo juzga el género en la pantalla actual?
A.G.: Aquí hubo buenos referentes, desde Pipo Pescador hasta «El agujerito sin fin» o los dibujos animados de García Ferré, que no está valorado lo suficiente. La TV argentina abandonó la programación infantil y la cambió por la adolescente.
P.: ¿A qué lo atribuye?
A.G.: A que los canadienses o europeos son expertos en programas prekinder, algo que es muy costoso y también poco atractivo para un mercado local pobre. No rinde inventar un personaje para no obtener el rédito necesario.
P.: ¿Y cómo se vinculan los chicos de la generación «Playstation» con los libros?
A.G.: Si bien hay una lengua nueva surgida de la computadora y celulares, creo que los resúmenes de palabras no dejan de ser un hecho creativo. No creo que ese nuevo lenguaje sea enemigo de la lengua, si es que pueden escribir correctamente también. Pero los chicos siguen entendiendo al libro como más atractivo y hermoso que un buen programa de TV. Sino, habrían muerto las editoriales infantiles y, en cambio, no paran de crecer.
P.: Las propuestas del sector infantil son las más grandes en las librerías, comparadas con novela, ciencia ficción o arte.
A.G.: Eso demuestra que el libro infantil está más vivo que nunca. Creo que a través de los medios electrónicos no se accede a la información que aportan los libros. Sí accedemos a cómo acceder, pero termino resolviendo mis dudas reales en los libros del estante de madera, aunque tal vez guiado por Wikipedia. O quizá esté todo en Internet, pero prefiero creer que no, y que hay que seguir recurriendo a los libros.
Entrevista de Carolina Liponetzky

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