26 de octubre 2009 - 00:00

Andy Warhol: la belleza de lo banal en el Malba

Por muchas que sean las obras de Warhol que los viajeros frecuentes hayan visto en los museos del mundo, el hecho de poder apreciarlas aquí constituye toda una experiencia.
Por muchas que sean las obras de Warhol que los viajeros frecuentes hayan visto en los museos del mundo, el hecho de poder apreciarlas aquí constituye toda una experiencia.
Con una inauguración popular, el Malba presentó «Andy Warhol, Mr America». La primera gran exposición en la Argentina del artista Pop viene a confirmar su vocación masiva, con las más de 6.000 personas que atrajo el jueves pasado, deseosas de ver las 170 obras que acaban de llegar del Museo Andy Warhol de Pittsburgh.

Lo cierto es que por muchas que sean las obras de Warhol que los viajeros frecuentes hayan visto en los museos del mundo, el hecho de poder apreciarlas aquí, cerca de casa, constituye toda una experiencia. Las hoy cercanas y glamorosas imágenes de Marilyn y Jacqueline Kennedy, o la de Marlon Brando en su motocicleta enfundado en su campera de cuero, parecieran exhibir sus cualidades de texturas, color y composición de un modo más elocuente.

Las 26 pinturas, 58 grabados, 39 fotografías y 2 instalaciones (Silver Clouds y Cow Wallpaper), además de las películas, llegaron con su belleza banal, con el encanto de una estética que -casi sin excepciones-, atrae a las multitudes porque resulta accesible, porque tiene el atractivo de la trivialidad y se puede disfrutar sin rodeos.

El montaje del curador Philip Larratt Smith se destaca por su diseño laberíntico. Es decir, cada una de las series, como las fotografías del artista travestido, los autorretratos, el conjunto de las célebres sopas Campbell, con sus diversos gustos, o la selección de los «Screen Tests», los retratos filmados en The Factory con personajes casi estáticos que miran la cámara, aparecen ante los ojos del espectador en espacios aislados, que favorecen la concentración. Así, esas obras que hasta hoy habían permanecido distantes, se perciben cercanas, verídicas, poseedoras de una claridad conceptual que -más allá de las preferencias estéticas- resulta irrefutable.

Se trata del arte del vacío, donde «lo que ves es lo que es», sin dobleces ni mensajes ocultos, que le regala al espectador su gratificante inmediatez. Ver y entender es un hecho simultáneo. «Si quieres saberlo todo sobre Andy Warhol, sólo tienes que mirar la superficie: en la superficie de mis pinturas, de mis películas, de mí mismo, es ahí donde estoy. No hay nada detrás», aclaraba Warhol, para que no quedaran dudas sobre la literalidad de sus obras. Ahora, cuando ha transcurrido casi media centuria desde que Warhol creó sus primeras imágenes, que celebran cínicamente el consumismo (una de ellas, el billete de un dólar), se puede asegurar que la poderosa seducción que ejercen ha trascendido la ideología capitalista que marcó su origen.

Esta es la segunda exposición que el Malba dedica a Warhol, con una significativa inversión. La primera, «Andy Warhol. Motion Pictures / Cuadros en movimiento», una muestra presentada en el 2005 consistía en un conjunto de films pertenecientes a la colección del MoMA de Nueva York, descubría una sensibilidad exacerbada y los climas oníricos y cargados de erotismo de un artista muy diferente de aquel que quería «ser una máquina».

Ahora, el Museo ha vuelto a traer parte de la filmografía que ayuda a revisar conceptos y preconceptos sobre Warhol. La reiteración, una característica tomada de los mass media, representada en la toma fija de horas y horas a la torre del Empire Estate, adquiere en esta exhibición un tono más cercano a la obsesión que al hartazgo.

Incluso, hasta la sedienta búsqueda de fama que, según se afirma, Warhol «perseguía como un tiburón hambriento», aparece como un gesto desesperado, como una reacción alucinada ante la vacuidad del contexto que retrata su obra. El curador cita oportunamente a Thierry de Duve, cuando dice: «Desear la fama -no la gloria del héroe sino el glamour de la estrella- con la intensidad y la conciencia con que lo hizo Warhol, es desear no ser nada, nada humano, interior, profundo. Es querer no ser más que una imagen, una superficie, un poco de luz en una pantalla, un espejo de las fantasías y un imán de los deseos de otros - un narcisismo absoluto».

Luego, una entrevista al argentino Guillermo Kuitca realizada por el curador Larratt Smith, resulta en varios sentidos reveladora. Nuestro artista cuenta que al ver el retrato de Liz Taylor sintió que había «una especie de reacción química entre la imagen y su tratamiento». Después, acerca del acabado frío y anónimo de la pintura de Warhol -que aspiraba a borrar toda huella personal y decía «pinto de esta forma porque quiero ser una máquina»-, Kuitca observa: «En términos de imagen retiniana, hablando sobre el color y la pincelada, las obras ostentan un tratamiento pictórico que no difiere demasiado del que se puede encontrar en un Manet».

Decir que la muestra del Malba muestra un nuevo Warhol, es aventurado, pero hasta relativiza la influencia de su homosexualidad. El curador le pregunta a Kuitca si le parece que la sexualidad influyó en la apreciación de las obras o fue más bien un obstáculo, y él le responde: «Su imaginario no era exclusivamente gay. Quiero decir que puede haber sido lo opuesto, puede haber moldeado el gusto gay en relación con algunos iconos. En parte su gusto es muy masculino: los choques de autos, las imágenes de la muerte, etcétera. En eso no sé si difiere de cualquier artista heterosexual. Fue mucho más tarde que empezó a hacer películas con esos tipos muy atractivos, con buenos cuerpos». Y con un humor que coincide con el de Warhol, nuestro artista concluye: «Si leyeras A sangre fría sin conocer a Capote, ¿te imaginarías que el timbre de la voz del hombre que escribió el libro es chillón y afeminado?».

Cabe aclarar, además, la importancia «pedagógica» que tiene la exposición para los argentinos herederos del Pop (Marcos López, Sandro Pereira o Martín Di Girolamo, entre otros) que no necesariamente conocen estas obras, y que podrán analizar ahora las verdaderas fuentes del movimiento.

Para acompañar la muestra, que se exhibirá hasta el mes de febrero, el Malba editó un catálogo con textos de Eduardo Costantini, Thomas Sokolowski (Museo Andy Warhol de Pittsburgh), Ana Longoni, y un ensayo y la entrevista a Kuitca del curador Larratt Smith.

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