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Angiola Churchill: el papel como fascinante herramienta
Angiola Churchill se dedicó a la pintura durante muchos años, hasta que en los 70 descubrió las posibilidades del papel. Sus blancos mundos metafóricos se han convertido en un signo característico de su discurso.
Churchill nació en Nueva York en 1922 de padres italianos. Después de haber transcurrido sus primeros años en Italia, se trasladó definitivamente a su ciudad natal en 1934. Artista, escritora y docente, Churchill fue decana del Departamento de Arte de la Universidad de Nueva York, y encargada de los doctorados en Arte de esa Universidad.
También codirigió ICASA (Internacional Center of Advanced Studies on Art), que organizó exposiciones de arte y arquitectura y coloquios en los que dialogaron artistas, intelectuales y arquitectos de Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. La subsede del Centro -asociado a la New York University- funcionó en Buenos Aires desde 1972 a 1993. En esos años un crecido número de artistas argentinos participaron en los encuentros semestrales que tenían lugar en la calle 4 y Greene Street del Soho (en el Tishman-Hall, un teatro ubicado junto a la Biblioteca de la Universidad, diseñada por el gran arquitecto y teórico Philip Johnson).
La pintura fue la práctica artística fundamental de Churchill durante muchos años, hasta que en la década del setenta descubrió la fascinación del papel. Desde entonces inició su búsqueda expresiva de modo personal e inédito. Realizó extensas instalaciones con papel blanco invadiendo y transformando el espacio. Sus blancos mundos metafóricos se han convertido en un signo característico de su discurso.
«Comenzó a afrontar espacios más grandes e imponentes envolviéndolos en toda su dimensión con un blanco difuso y transparente capaz de transformar, por medio de la luz -un elemento muy importante en su obra-, lugares asépticos en sitios mágicos, donde el espectador era agradablemente introducido a través de escenarios arquitectónicos surreales», escribió Lola Bonora, curadora del Museo de Arte (Palazzo dei Diamante) en Ferrara, Italia.
Churchill ha utilizado papeles pintados, siguiendo las técnicas de los japoneses. «Elegí el papel porque es silencioso y ésa ha sido el arma con la que las mujeres sobrevivieron a través de los siglos», señala. En sus propuestas corta, pliega, enrolla, entreteje kilómetros de papel de seda blanco para lograr una arquitectura sutil y efímera, que llama un lugar blanco y que tiene una gran fuerza evocativa.
En su exposición en el Palacio Real de Nápoles, Chur había planteado un recorrido a la manera de senderos que se bifurcan como los caminos de la vida. La instalación se iniciaba en el Palacio con la imagen de un laberinto antiguo, símbolo de la aspiración de la humanidad a la estructura y al orden, pero su mensaje no era lineal sino un meandro de caminos sin salida, de direcciones que se contrastaban y que correspondían al estado cultural contemporáneo.
«Como Sherezade, Angiola narró de noche, una noche hecha de secretos y mitos, pero también por el simple placer de contar y comunicar. La del cuento es una vocación típicamente femenina, un conducir leve y terrible como aquel del ángel dantesco- potencia evocativa de un nombre- que pasa fuerte y alto. En aquella gran noche blanca la artista indica un camino, señala calles y destinos en los cuales cada uno es libre de perderse, de encontrar y reencontrarse. Y para nosotros caminantes y peregrinos el viaje se abre como un momento de reflexión», escribió la curadora Annamaria Orsini.
Un laberinto es, para decirlo como Jorge Luis Borges, simplemente un libro infinito, una biblioteca con innumerables corredores de libros, las calles intrincadas de Buenos Aires, y para Angiola, aquellas lineales de Nueva York, o los sinuosos canales de Venecia.
También es un tiempo circular que abraza el pasado y el futuro: la trama de tiempos que se cortan, se ignoran o se reencuentran, como en las «Variaciones» que está exponiendo en Nueva York.
Churchill participó en numerosas muestras personales en los Estados Unidos, en América del Sur y en Europa. Las instalaciones más destacadas fueron realizadas en el Museo di Palazzo Fortuny (Venecia) en el Neuberger Museum (Parchase, NY), en el International Museum of Contemporary Art (Miami), en Lattuada Studio (Milán); Palazzo dei Diamante (Ferrara), Palazzo Ducale (Mantua); Museo de Arte Contemporáneo (San José, Costa Rica) y además en bienales internacionales en Lodz Museum (Lodz, Polonia) y Palazzo Bonaccossi (Ferrara).

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