25 de junio 2015 - 09:36

Aníbal vs. Julián, porfía atípica en la que pesan pactos y fiscales

• SCIOLI Y LA CÁMPORA, CON TEÓRICA EQUIDISTANCIA.
• FOTOS CRUZADAS Y EL ARMADO EN LOS TERRITORIOS.

Aníbal vs. Julián, porfía atípica en la que pesan pactos y fiscales
Formateados en la doctrina del PJ bonaerense, luego reconfigurados como K -uno en el temprano 2002, el otro en el más tardío 2008-Aníbal Fernández y Julián Domínguez derivan, porque alimentaron esa fantasía, pero sobre todo porque Florencio Randazzo les despejó la pista cuando eligió irse a boxes, en una atípica interna por la sucesión de Daniel Scioli.

Aníbal y Julián, inquilinos en el micromundo político donde se los menciona por sus nombres, animan una porfía plagada de curiosidades, entre ellas una nada menor: a priori, el duelo entre el jefe de Gabinete y el jefe de los Diputados asoma reñida y con final abierto.

Eso la distingue de las tres internas que el PJ bonaerense metabolizó en los últimos 25 años por la gobernación: Eduardo Duhalde abatió a Carlos Brown, 80 a 20 en 1991; Carlos Ruckauf dejó -la leyenda dice que por la destreza de leguleyos- sin la minoría a Antonio Cafiero en mayo del 99 y Scioli apenas cedió un 3% en las PASO de 2011 contra Mario Ishii.

El principio de paridad es el componente sobre el que giran las demás particularidades. Veamos:

•Fernández aparece, en la mayoría de los pronósticos, arriba de Domínguez. Hace años, el jefe de Gabinete priorizó su construcción como figura pública, un profesional de la política y lo macro, por sobre el armado territorial. Como vocero K generó empatía en sectores del oficialismo, lo cual sumado a que es más conocido que Domínguez lo que explica que rankee en los sondeos, porque la disputa es ínter-K.

Domínguez, menos visible, y menos osado en sus definiciones, tejió un entramado en el territorio, porque nunca perdió de vista esa variable, y porque desde la Cámara de Diputados mantuvo y potenció la "diputadora", además de ponerle el cuerpo a acuerdos con los gremios y, sobre todo, con los intendentes. En el territorio, según coinciden en el PJ, el de Chacabuco está mejor estructurado que el quilmeño, y ese dato parece, al menos en los análisis, suficiente para determinar que la preferencia que Aníbal muestra en las mediciones se compensa con el despliegue territorial.

•A su modo, el duelo entre Domínguez y Fernández tiene un formato noventista porque pesan, como nunca en los últimos años, los pactos locales y la estructura de fiscales para "cuidar" los votos. "Aníbal jamás se hubiese lanzado como candidato si no tuviese garantizado por los 20 mil fiscales necesarios para que no te roben la elección", dijo uno de sus operadores. La aclaración dice más que lo que parece: anticipa un temor o, de mínima, una preocupación.

Es cierto que dos episodios, 2009 y 2013, demuestran que el oficialismo a pesar de manejar un fenomenal aparato político no pudo evitar caer primero con Francisco de Narváez y luego con Sergio Massa. Pero en esos casos se trató de elecciones abiertas y con personajes de alto protagonismo. La interna Julián vs. Aníbal será una interna casi invisible porque ambos serán parte de una boleta en la que de siete tramos, sólo uno, el de gobernador, será diferente porque hacia arriba y hacia abajo será la misma.

•Ante esto, el objetivo primordial de ambos candidatos es garantizar que su boleta esté en el cuarto oscuro. Con dos tiras idénticas, la ausencia de una u otra puede pasar desapercibida para la gran mayoría cuando, además, se trata de una elección presidencial donde la centralidad está puesta en otro lugar. En ese juego, el territorio pesa y lo que aporta: el ejército de fiscales, el punterismo experto en elecciones, ése que cotiza su oficio y vende un servicio que ellos mismo sgeneran: te cuido la lista o te la saco, vos elegís, podría ser el hipotético eslogan de una corporación secreta, casi masónica, que provee fiscales.

La Cámpora, como "partido" de la Presidente, tiene la orden de Olivos de no intervenir en la interna Aníbal-Julián, incluso sabedores del peso de la estructura, tienen el mandato de oficiar como garantes de equilibrio y, sobre todo, comisarios para evitar picardías. La Cámpora asumió, como el resto del dispositivo K, que la imposición de Martín Sabbatella como vice de Fernández, empuja al grueso del PJ a jugar con la dupla que comparten Domínguez y Fernando Espinoza, por viejas disputas y vigentes recelos entre la cofradía de alcaldes con el titular de la AFSCA. Esa equidistancia es razonable pero, a la vez, tramposa porque José Ottavis, el neocamporista más pejotista de la mesa chica, operó sobre Aníbal Fernández para que éste baje de la presidencial a la gobernación, como parte de una maniobra para despejar el camino y, en particular, cercar a Diego Bossio.

•La preferencia de los caciques por Domínguez-Espinoza llevó a Aníbal F. a aventurarse con armados, en algún punto, periféricos como el que encaró Jorge "Loco" Fernández, alcalde de Lincoln, en la Cuarta Sección, territorio que Domínguez compartió con Randazzo en la última década. Parte del randazzismo, por enemistades entre su jefe excandidato y Aníbal, se encamina a jugar con Julián. Con malicia, en el PJ dicen que Cristina de Kirchner mostró su preferencia por Domínguez cuando puso a Sabbatella de dos de Fernández porque alineó al mayoritario peronismo enfrente.

El sciolismo ejecuta también una coreografía de prescindencia: Scioli posó, en estas horas, con Domínguez y Sabbatella, y se vio con Aníbal F. Por abajo, intervienen otros factores. El gobernador, consumidor de encuestas, considera más conveniente la opción Julián porque según sus números, la postulación última de Fernández le sacaría unos puntos que podrían ser esenciales para ganar en primera vuelta. Aparecen hermanados, además, por el jefe del Vaticano. Encima, la presencia de Sabbatella en ese binomio no ayudó: pocos como el moronense han castigado a Scioli lo cual no aparece, en el ideal del sciolismo, que Sabbatella desembarque como vicegobernador. De hecho, Alberto Pérez, el armador del candidato presidencial dejó en pie la candidatura de Pablo Navarro contra Hernán Sabbatella en Morón.

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