30 de julio 2009 - 00:00

Años de extrema debilidad (y locura)

Madrid - La organización independentista armada ETA lleva dos años sumando atentados, siete de ellos mortales, al mismo tiempo que la Policía y la Justicia de España y Francia estrechan el cerco contra sus dirigentes, cada vez más jóvenes e inexpertos.

Estos acontecimientos los impulsaron a llevar a cabo una «reflexión» para «fijar una estrategia político-armada eficaz» antes del verano actual europeo, según anunció la organización en mayo.

ETA, que lleva más de 40 años perpetrando atentados que causaron 856 muertos, cumplió su última tregua entre marzo de 2006 y junio de 2007. En ese tiempo, el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero trató en vano de iniciar una negociación para que la organización depusiera las armas.

Tras decretar el fin de ese alto el fuego, la organización armada retomó la violencia con una serie de atentados que ya dejaron nueve muertos.

Se trata de dos inmigrantes ecuatorianos, dos guardias civiles en Francia y uno en España, un militar y un policía, un ex concejal socialista y un empresario nacionalista vasco que participaba en la construcción del tren de alta velocidad en la región.

En estos dos años, ETA reanudó los atentados mortales con disparos a quemarropa, los asesinatos de empresarios y el ataque de una gran infraestructura regional, que había abandonado hacía varios años.

Pero en este mismo tiempo, la Policía española y la francesa no han dejado de detener a decenas de miembros, sobre todo a sus dirigentes, al menos cuatro en dos años, además de descubrir varios laboratorios y escondites con documentos.

La Policía describe a los nuevos dirigentes y otros miembros como cada vez más inexperimentados y desprevenidos y, además, detectó una división entre los antiguos miembros, partidarios de negociar el fin de las armas, y los nuevos, defensores de la violencia.

En este período, la Justicia española continuó persiguiendo a las formaciones políticas independentistas vascas que no condenan la violencia de ETA. Como consecuencia, se ilegalizaron los brazos políticos de la organización, que carecen de representantes en el Parlamento regional.

Agencia AFP

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