Ariel Castro, principal acusado de secuestrar y abusar de las tres mujeres rescatadas el pasado martes, que pasaba como un vecino más, correcto y afable, había sido denunciado en 2005 por golpear brutalmente a su exesposa Grimilda Figueroa. Los golpes habían sido de tal gravedad que le dejó la nariz, costillas y dientes rotos. Además, fue denunciado por haber intentado raptar a sus propias hijas, aunque no ingresó en prisión por ello. Y ahora la Policía estadounidense está en el centro de la polémica.
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