2 de agosto 2011 - 00:00

Antes fueron los bancos, ahora EE.UU.; la confianza, perdida

Enrique Blasco Garma - Economista
Enrique Blasco Garma - Economista
Desde principios de año, el Tesoro viene avisando que en mayo se alcanzaba el límite del endeudamiento de u$s 14,3 billones, autorizado por el Congreso. Una vez llegado al límite, no podría emitir deuda en exceso y, en consecuencia, muchas obligaciones quedarían impagas. Posteriormente, el Tesoro declaró que podría extender el plazo hasta el 2 de agosto, aprovechando fondos disponibles y otros arbitrios.

El tema es de máxima prioridad. Al mismo tiempo constituye un debate redundante. En efecto, con un déficit fiscal de u$s 1,3 billón anuales, el Gobierno necesita emitir deuda para cubrirlo, unos u$s 100.000 millones mensuales. Sin una autorización legal para extender el monto de la deuda, unos u$s 100.000 millones mensuales quedarían impagos. Diferentes personas y funciones no contarían con los fondos requeridos. Si recordamos que la gran crisis económica de 2008 y 2009, la mayor experimentada por la gente actualmente con vida, fue producto de la desconfianza en las deudas de los bancos, nos damos cuenta de la tremenda incidencia de la cuestión. Jugar con la capacidad de endeudarse de la principal economía del mundo, y el mayor deudor del planeta, es bailar en el borde del precipicio. Un default de EE.UU., tanto de la deuda pública como del pago a proveedores del Estado, generaría incertidumbre y devaluación de todos los activos.

De manera que no discutimos que se trata de una decisión de máxima prioridad y urgencia. Al mismo tiempo, se trata de un debate redundante. ¿Por qué? Porque han mezclado dos cuestiones, superpuestas sin necesidad. El límite del endeudamiento no debiera ser discutido más que al tratar el presupuesto federal de cada año. La ley de presupuesto establece los gastos, ingresos y endeudamiento. Al sancionarse presupuestos deficitarios se está automáticamente autorizando endeudamientos futuros. De modo que ya el Congreso y el Ejecutivo han resuelto la materia. Toda la deuda resulta de presupuestos sancionados oportunamente y no se requeriría volver a conceder ampliaciones al endeudamiento. Por esa razón, es necesario derogar los límites expresos e independientes del presupuesto al endeudamiento federal. Con cada presupuesto se autorizan nuevos límites de deuda, los necesarios para cumplir con los gastos sancionados.

Otra cuestión importante es que el presupuesto merece estudios y debates especiales con todo el tiempo necesario para acordar las decisiones más comprensivas. En esta ocasión, el mercado brega por contener la evolución de la deuda pública de EE.UU., que crece con déficits fiscales federales de u$s 1,3 a u$s 1,5 billón, desde 2009. Considera que la actual deuda federal de u$s 14,3 billones es demasiado elevada. De éstos, u$s 9,7 billones -un 64% del PBI- están en el mercado y u$s 4,6 billones en poder de entes públicos del Gobierno de EE.UU. Para apurar correcciones al déficit, los republicanos condicionaron la elevación del límite de la deuda a sancionar reducciones de déficit futuros. El tiro salió por la culata y los legisladores deberán negociar un acuerdo presupuestario, presionados por la angustia de no acordar lo que previamente ya se había resuelto con los presupuestos sancionados antes. Los tenedores de bonos del Tesoro fueron convidados de piedra, arrastrados a un debate redundante, pero de consecuencias imprevisibles.

La impasse durante las discusiones dejará herida la confianza en EE.UU.

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