2 de abril 2009 - 01:06

Anuncia hoy G-20 batería de medidas para doblegar crisis

Llegó temprano: esta vez Cristina de Kirchner posó en la foto oficial de la cumbre del G-20. Y no la tuvieron que esperar, como se había convertido en su costumbre. Las otras damas de la foto, la canciller alemana Ángela Merkel y la reina Isabel.
Llegó temprano: esta vez Cristina de Kirchner posó en la foto oficial de la cumbre del G-20. Y no la tuvieron que esperar, como se había convertido en su costumbre. Las otras damas de la foto, la canciller alemana Ángela Merkel y la reina Isabel.
Londres (enviado especial) - Anoche los delegados de cada país ante el G-20 continuaban negociando contra reloj una redacción final para el documento que deberán presentar hoy los presidentes cuando se inicie formalmente la cumbre en Londres. El principal problema continuaban siendo las diferencias entre el grupo liderado por Alemania y Francia, por un lado, y EE.UU. y Gran Bretaña, por el otro.
Ayer, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y la jefa de Gobierno alemana, Ángela Merkel, terminaron de ponerle la cuota final de nerviosismo a esta cumbre con una declaración conjunta. En esa misiva le dieron un ultimátum al primer ministro británico, Gordon Brown, para que se introdujeran en la declaración final reformas importantes y reales al sistema financiero.
Es el precio que pusieron para permanecer en la Cumbre del G-20 y no retirarse, lo que convertiría el encuentro en un total fracaso. De todas formas, tanto Sarkozy como Merkel dejaron de lado las presiones y anoche participaron del cóctel en el Palacio de Buckingham, que ofreció la reina Isabel, y en la cena con Brown en Downing Street, la sede del Gobierno británico.
Las diferencias anoche sobre las medidas a tomar para combatir la crisis continuaban girando en torno a los mismos temas con que comenzaron las negociaciones. Si bien se ratificó que la intención general de todos los países es llegar hoy a una declaración unificada sobre las medidas a tomar, la profundidad de esas acciones es lo que mantenía en vilo a los negociadores.
Objetivo
Las posiciones son claras: la cumbre tiene como objetivo sentar las bases para la aplicación de medidas que controlen al sector financiero, establecer apoyo para mayores incentivos fiscales a las empresas y bancos víctimas de la crisis y avances en temas como la eliminación de los paraísos fiscales y una reforma integral de los organismos multilaterales, tanto el FMI y Banco Mundial como la propia ONU.
Frente a ese menú, Barack Obama intenta hacer equilibrio entre el impacto de la crisis en la economía de los EE.UU. y las exigencias de mayores controles en los mercados. Así pide que se comparta la carga de mayores estímulos, y al mismo tiempo sostiene la necesidad de modificar el sistema financiero, pero no con el mismo énfasis que ponen los europeos.
En realidad, Obama sigue soportando las presiones del sector financiero en su país y se debate entre los pedidos de más fondos de empresas y bancos al borde de la quiebra y los contribuyentes que no quieren seguir aportando a la crisis. Con ese panorama no puede avanzar con controles estrictos sobre los bancos -un pedido concreto para que no se vuelvan a repetir las condiciones que llevaron a la crisis- con el riesgo de afectar a inversionistas en su país.
En ese pedido lo sigue Brown, quien al mismo tiempo necesita mostrar algún logro en esta cumbre para calmar la presión interna que el laborismo está sufriendo en Gran Bretaña.
Frente a esa posición, Merkel se opone a implementar más paquetes de estímulos a las economías y exige que se avance en fuertes controles al sistema financiero, una posición que desde ayer unificó con Sarkozy. «Somos una sola voz», dijeron ambos en una conferencia de prensa que dieron en Londres. «El comunicado final de la cumbre necesita establecer pasos concretos. Nuestro objetivo es simple: reclamamos resultados concretos en Londres, no palabras», explicaron ambos. Fue la piedra que terminó de complicar una negociación que hasta 24 horas antes parecía solucionada.
Anoche en la cumbre se negociaba a dos bandas. Mientras los representantes ante el G-20 seguían encerrados para conseguir consensuar una redacción común, en la cena ofrecida por Brown los presidentes de 24 países (el G-20 más invitados como España y Holanda), los discursos marcaban con sutileza las diferencias.
En medio de este panorama, la Argentina no parecía tener demasiados problemas para incluir sus pretensiones en el documento. La reforma a los organismos multilaterales de crédito (reduciendo requisitos y controles), una modificación al rol de las calificadoras internacionales de crédito adaptando sus sentencias a la nueva realidad. Asimismo, más voz y voto en organismos y capitalización de los países emergentes, parecían anoche objetivos que, aunque como una expresión de deseos, estarán incluidos en la declaración final.

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