27 de enero 2014 - 00:00

“Après moi, le deluge”

“Après moi, le deluge”
Si algo caracteriza la alienación de los gobernantes es esta idea de que "después de mí, el diluvio" (Luis XV); sea porque en su locura creen que sólo ellos son capaces de dirigir al pueblo en la senda de la historia y si no son ellos es el caos, o porque intencionalmente prefieren arrasar el presente, para asegurar el fracaso de sus sucesores y así "garantizarse una vuelta al poder" (ya en el siglo I a.C. Séneca criticaba esta idea). En lo militar, la desesperada estrategia de "tierra arrasada", practicada desde el siglo V a.C. (los escitas contra Darío), siempre por la fuerza y despreciando la vida humana (la orden de Manuel Belgrano fue fusilar y destruir todas las propiedades de quienes no adhiriesen voluntariamente al éxodo jujeño de 1812, que por fortuna fue muy popular), es considerada un crimen de guerra por la Convención de Génova (Art. 54-56, Protocolo 1). Pero no comprende a los políticos, que pueden "juguetear" con el bienestar del pueblo, empobreciéndolo por impericia, corrupción y/o intencionalmente a través de distintos mecanismos. El problema es que en un mundo globalizado, estos "jugueteos" pueden tener consecuencias inesperadas. En algún caso será evidente (efecto dominó, sistemas lineales) y en otro más sutil (efecto mariposa, sistemas no lineales). Así, la caótica devaluación del Gobierno kirchnerista hizo recordar (como jugador de peso, la Argentina no cuenta) que cuando prima el populismo, la exportación a China "no alcanza", golpeando a los mercados emergentes (perdieron el 5% en la semana) y de ahí al Dow que cerró en 15.879,11 puntos, cediendo el 1,96% (-4.21% en la semana). Si vale la analogía: "El vuelo de una cucaracha (la devaluación nunca es linda) estaría desatando un huracán".

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