24 de noviembre 2011 - 00:00

Arde Egipto: se agravan la revuelta y el caos pese a concesión militar

El centro de El Cairo volvió a ser ayer, como ya es habitual desde el sábado, un campo de batalla. La crisis egipcia preocupa a todo Medio Oriente: ese país, de 80 millones de habitantes, es considerado clave en el mundo árabe y disparador de tendencias.
El centro de El Cairo volvió a ser ayer, como ya es habitual desde el sábado, un campo de batalla. La crisis egipcia preocupa a todo Medio Oriente: ese país, de 80 millones de habitantes, es considerado clave en el mundo árabe y disparador de tendencias.
El Cairo - Miles de manifestantes egipcios que exigen a la Junta Militar que abandone el poder volvieron a enfrentarse ayer violentamente con la Policía, agravando aún más la crisis política. Mientras que en la plaza Tahrir continuaba el derramamiento de sangre, la cúpula castrense y la Hermandad Musulmana, con al menos cuatro muertos más, el partido más potente y organizado, establecieron una alianza tácita para que las elecciones legislativas, las primeras desde la caída de Hosni Mubarak, se lleven a cabo desde el lunes a pesar de la violencia.

En el Cairo, los egipcios insistían en que permanecerán en la plaza a pesar de las últimas promesas del jefe de la Junta Militar, el mariscal Husein Tantaui, que entre otros puntos incluyen la celebración de comicios presidenciales antes de julio de 2012.

El desolador panorama y la reciente renuncia en bloque del gabinete llevaron a algunos partidos a pedir el retraso de las legislativas hasta que asuman nuevas autoridades. Pero esa medida cuenta con la negativa islamista de la Hermandad Musulmana, que ya se siente ganadora y no quiere aplazamientos.

Ambigüedad

La agrupación se ve obligada a desempeñarse de forma ambigua. Respaldó el retorno a Tahrir, pero no participó de las marchas; criticó la virtual supervivencia del régimen de Hosni Mubarak, ahora representado por la cúpula militar y por los miles de miembros del régimen que acudirán a las elecciones como candidatos liberales o independientes, pero se declaró dispuesta a pactar.

Las «promesas» de Tantaui incluyeron facilidades para aumentar su poder. El Ejército pretende nombrar a la mitad de los redactores de la nueva Constitución, reservarse el derecho de veto sobre su contenido e introducir, por si acaso, una ley por la que el presupuesto de Defensa sería secreto y no estaría bajo el control del Gobierno electo.

Por lo pronto, la Comisión Electoral reafirmó ayer que las elecciones se celebrarán en las fases establecidas, la primera de ellas será el próximo lunes 28 y se desarrollará en nueve provincias, incluidas las convulsionadas Alejandría y El Cairo. En el quinto día consecutivo de protestas contra la Junta Militar, tres carros blindados del Ejército entraron ayer en la calle Mohamed Mahmud, epicentro de los choques, para cubrir el repliegue de la Policía, que fue sustituida en parte por soldados. Sin embargo, la escasa presencia de esas fuerzas sólo posibilitó una breve tregua, y no fue suficiente para impedir que se reanudaran los enfrentamientos.

En las calles cercanas al Ministerio del Interior, supervigilado, la Policía colocó barreras y disparó gases lacrimógenos contra los manifestantes, quienes no dejaban de lanzar piedras.

A primera hora de la noche, los «baltaguiya» (matones del régimen) hicieron acto de presencia en la calle comercial de Talaat Harb, que desemboca en Tahrir, y se enfrentaron con palos y armas blancas con los manifestantes.

Los heridos no paraban de llegar en ambulancia, moto o incluso a pie hasta los improvisados hospitales de campaña de Tahrir. Entre los lesionados se encontraba el fotógrafo español Guillem Valle, a quien la Policía propinó ayer una paliza y le robó su equipo. Se hablaba de al menos cuatro nuevos muertos, por lo que ya serían más de 40 desde que el sábado comenzaron las revueltas.

Investigaciones

En coincidencia con el llamamiento de la ONU a que se investigue la represión de las protestas en Egipto, el Ministerio del Interior pidió a la Fiscalía que estudie las acusaciones contra la Policía por el uso excesivo de la fuerza.

El titular de Salud, Amro Helmy, agregó que su cartera estaba analizando los gases lacrimógenos empleados por la Policía después de recibir denuncias de que son más fuertes de los utilizados habitualmente para dispersar las protestas. Según pudieron comprobar testigos, se empleó gas CS, vencido desde hace más de tres años y altamente cancerígeno.

La comunidad internacional sigue de cerca los sucesos en este país de 80 millones de habitantes, considerado un referente para la región. La situación actual fue denunciada por la organización Human Rights Watch, que recogió testimonios sobre cómo las fuerzas del orden apuntan a la cara de los civiles cuando disparan pelotas de goma o utilizan fuego real.

Agencias EFE, AFP, Reuters, ANSA y DPA

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