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Ardides en torno a la ley de Verna
Ésas son las líneas centrales del argumento de esta novela política sin fin que sumió a los tres poderes del Estado en una crisis que cada día cuesta más comprender. Pero resulta interesante repasarlas en conjunto para entender que las apariencias, en estos días, pueden engañar más que nunca.
El anuncio de Cristina de Kirchner el martes, casi a la pasada, de la decisión del Gobierno de impulsar el debate del proyecto Verna supuso en el inicio un triunfo para la oposición. La Presidente, claramente, debió retroceder una vez más ante lo inevitable de un Congreso que ya le mide cada una de sus decisiones. Pero ¿seguirá siendo así en los próximos días?
Se repite: la Presidente abrió el debate. Pero al día siguiente (ayer) Aníbal Fernández informó que el DNU del Fondo de Desendeudamiento no se derogará hasta que no exista una ley que lo reemplace. En ese marco, al Congreso sólo le queda derogar ese decreto, lo que aún no está garantizado.
La acción regresa, entonces, al Congreso y a la Justicia. Para frenar el decreto, la oposición tiene que reunir la semana próxima 37 votos en el Senado. En Diputados ese problema no existe ya que el número, por ahora, sobra en la oposición.
Entre esos 37 senadores está Carlos Verna, muy predispuesto a rechazar el acuerdo de Mercedes Marcó del Pont, pero no tanto a derogar un DNU, menos cuando su proyecto similar ya está en tratamiento en comisiones. Sin ese voto, será imposible lograr la anulación del decreto.
La Justicia hablará el lunes. La Cámara que debe expedirse está demasiado presionada por fallos anteriores que bloquearon los dos DNU como para salirse de ese camino, más cuando los argumentos son los mismos. Salvo uno: el Congreso está debatiendo el tema, Verna aportó el proyecto salvador para el Gobierno y el resto de la oposición avanza en presentar otros. Nada indica que pueda haber un fallo a favor del Gobierno, pero los intentos ya se están haciendo.
Verna cosechó ayer más enemigos que nunca en el Congreso. Felipe Solá le rechazó su proyecto. Elisa Carrió lo sentenció: «El senador Verna está a punto de pasar al oficialismo en una nueva trampa». El radical Gerardo Morales le salió al cruce: «No estamos de acuerdo con el proyecto de Verna porque es copia fiel del DNU». No parece que la oposición se esmere demasiado en seducir a Verna para retenerlo de su lado como voto clave. O, por el contrario, no se esfuerzan porque lo dan por perdido en esta batalla.
En medio de todas esas argumentaciones hay un escenario de espanto para el radicalismo y el peronismo disidente: el debate de todos esos proyectos en el Congreso puede durar unos dos meses y si ahora la Justicia llega a levantar la medida cautelar sobre el DNU, el Gobierno quedaría con las manos libres para utilizar las reservas por un tiempo, si el Congreso no consigue derogar ese decreto.
Son tres variables que, de reunirse, formarían una tormenta perfecta que sin duda estuvo en la mente de Cristina y Néstor Kirchner cuando decidieron anunciar el apoyo a una iniciativa similar al decreto del Fondo de Desendeudamiento, que más que una ley podría darles todo el tiempo del mundo para activar esas dos famosas cuentas del Tesoro ya nutridas con los u$s 6.569 millones de las reservas.


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