15 de junio 2010 - 00:00

Argentinita Vélez fue una pionera en audacias

Argentinita Vélez, fallecida ayer, empezó su carrera en la compañía de Miguel de Molina y actuó en cientos de revistas en los 50 y 60.
Argentinita Vélez, fallecida ayer, empezó su carrera en la compañía de Miguel de Molina y actuó en cientos de revistas en los 50 y 60.
Vedette de El Nacional de Buenos Aires y el Tropicana cubano en los 50, primera figura de la compañía de Miguel de Molina, bailarina internacional de casinos y boites de Roma, Lisboa y Madrid, la recordada Argentinita Vélez será sepultada esta mañana en el Panteón de Actores de La Chacarita.

De cuerpo imponente y rasgos criollos, que la hicieron reina del género en los 50 junto a Xenia Monti, Maruja Montes, May Avril, Nélida Roca y otras glorias creadas por Carlos A. Petit, Argentinita Vélez (nacida en La Plata como Estela Luisa Lorenzi) se impuso también en ciclos musicales de la televisión pionera, y en cinco películas: «Reportaje en el infierno», «Ésta es mi vida», «Quinto Año Nacional» (era la femme fatal que causaba la perdición de un joven pretencioso), «Las modelos», y «Buenas noches, Buenos Aires», donde cantaba con Hugo del Carril una versión muy celebrada del tango «Ahora te llaman Lulú», de Mores y Taboada.

Vale la pena recordar algunas líneas: «Yo soy Lulú de Montparnasse, / la del Trianón y el Palais de Glace (...) / Soy la griseta más dulce y final que a la Argentina mandó Pigall», el hombre respondía «No te mandés la parte de cocotte y midinette (...) / ¡Ahijuna, cómo has cambiado! / Si ya no te reconozco / ni de frente ni de lado», y ella terminaba reconociendo «Pero atrás de esta careta / que engayola a tantos giles, / llora a veces la pebeta / que te dio sus veinte abriles».

Eso fue en 1964. Ya definitivamente madura, reapareció en 1993, casi un símbolo, en el multiestelar «Funes, un gran amor», de Raúl de la Torre. Dicen luego que en los últimos años, olvidada por los productores, se las arregló como tarotista en diversos lugares de la noche porteña. Quizás, igual que la rubia Mireya, alguna vez se haya cruzado en uno de esos locales con el hijo de algún poderoso que la adoró en su juventud. Pero ya no está Manuel Romero para llevar su historia al cine.

Paraná Sendrós

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