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Argerich: regreso con gloria a Rosario
Luego de su frustrada experiencia en el Colón en 2005, la temperamental Martha Argerich eligió ahora Rosario y Paraná.
En medio de un clima de fiesta, incluyendo intervenciones fervorosas del público del estilo «Martha, te amo», «Gracias por venir a Rosario» o incluso un extemporáneo «Viva Argentina!», Argerich hizo su aparición con una sonrisa y de la mano de Rivera, con el que compartió la primera parte del concierto, a dos pianos.
El comienzo no podría haber sido mejor: las «Variaciones sobre un tema de Haydn» de Johannes Brahms, donde pudo advertirse desde el inicio una comunicación óptima entre la gran pianista y Rivera, un dignísimo partenaire: las variantes de tempo y dinámica tuvieron un ensamble perfecto tanto en Brahms como en las dos obras que la siguieron: la «Suite n° 2» de Sergei Rachmaninoff y «Los preludios», transcripción para dos pianos del poema sinfónico de Liszt, al que muy especialmente Argerich otorgó una paleta cromática sublime.
La faena conjunta (que finalizó con un fragmento del «Souvenir de Rusia» de Brahms, a cuatro manos) incluyó una rotación en los pianos que benefició enormemente el balance sonoro entre ambos, por más que las vacilaciones con una de las banquetas haya creado cierta inquietud en Argerich y el público.
Con una nueva intervención a dos pianos de la dupla Argerich-Rivera (el previsible «Astoriando» de Luis Bacalov) comenzó la segunda parte, dedicada a homenajear precisamente a Piazzolla. En un bloque protagonizado a solas el prodigioso bandoneonista Néstor Marconi desgranó clásicos como «Sur» y «La última curda», y composiciones propias como «Robustango» (especie de rapsodia piazzolliana) y «Sobre imágenes»; más tarde, con Rivera, se escuchó el ineludible «Adiós Nonino» en una versión tal vez demasiado extensa considerando que la expectativa del público tenía otro centro de atención.
Se sumaron luego tres embajadores del Martha Argerich Presents Project (la más reciente iniciativa de la pianista, dirigida a formar y promover a los jóvenes talentos): la excelente violista Lyda Chen, hija de Argerich, el siempre eficaz pianista Gabriele Baldocci y el sorprendente contrabajista Enrico Fagone, en la «Milonga del ángel» de Piazzolla y «Para el recorrido» de Marconi. En el final Chen, Fagone, Marconi y sucesivamente o simultáneamente Argerich, Rivera y Baldocci completaron con tangos de Marconi y Piazzolla un festin musical de tres horas que no dejó a nadie insatisfecho.


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