4 de diciembre 2012 - 00:00

Arte de excelencia en espacios inesperados

Las fotos que tomó en el cementerio de Edimburgo Paula Toto Blake, una de los más de 20 artistas que recuperaron una fábrica de tanques de oxígeno en Once e instalaron allí sus talleres.
Las fotos que tomó en el cementerio de Edimburgo Paula Toto Blake, una de los más de 20 artistas que recuperaron una fábrica de tanques de oxígeno en Once e instalaron allí sus talleres.
A fines de la semana pasada, los más de 20 artistas que producen sus obras en la vieja fábrica de tanques de oxígeno de la calle Boulogne Sur Mer al 300, abrieron sus talleres a los invitados, operadores culturales, amigos, expertos y coleccionistas.

El edificio, ubicado en el rigor del barrio del Once, fue recuperado por un grupo de artistas talentosos que pagan el alquiler anual con una o dos obras a la Fundación Rozenblum. Para recibir a los visitantes de este año, el curador Rodrigo Alonso puso orden en los talleres y presentó las obras con el título «A Saucerful of Secrets», un álbum de Pink Floyd.

Y allí estaban Mateo Amaral, Nicanor Aráoz, Eduardo Basualdo, Maximiliano Bellmann, Victoria Colmegna del grupo Conchetinas, Mariano Dal Verme, Alfio Demestre, Marcolina Dipierro, Estudio Fluo, Patricio Gil Flood, Mariano Giraud, Barbara Kaplan, José Luis Landet, Federico Lanzi, Martín Legon, Hernán Marina, Sabrina Merayo Nuñez, Marcello Mortarotti, el grupo Provisorio Permanente, Hernán Soriano, Paula Toto Blake y Nicolás Varchausky. Y como si los inquilinos fueran pocos, para las jornadas del Open Studio, invitaron además a Florencia Almirón, Walter Andrade, Mariano Andrés García, Victoria Musotto, Romina Orazi, Julián Prebisch, Luciana Rondolini, Paulina Silva Hauyon y Adrían Unger.

Cabe aclarar que en nuestro país -aunque las ayudas a los artistas no son muchas, abundan los premios y no resulta difícil obtener algunas becas-, la carencia de talleres es una necesidad que pocos contemplan. Lo cierto es que hay artistas que no tienen un lugar mínimo para trabajar. La idea de convertir edificios enteros en talleres artísticos, es moneda corriente en el mundo. Se sabe que los espacios compartidos favorecen el diálogo entre pares, posibilitan la concentración que demanda la creación y suelen potenciar el trabajo artístico. Boulogne Sur Mer es apto para muchas y muy diversas producciones, pero resultó inadecuado para las grandes esculturas de Sandro Pereira, por ejemplo. Todo depende del formato y los materiales que utilicen los artistas.

Desde estos talleres salieron las obras que Martín Legón presenta en la Bienal de San Pablo, las pinturas que Federico Lanzi muestra en Brasil, y la movilizadora instalación que Carlos Basualdo exhibe en la Bienal de Montevideo. En el espacio de Legón hay una heladera comercial de mediano formato que, a través de sus puertas vidriadas, ilumina con el resplandor azulado del neón el cuartito donde se encuentra. En el interior del artefacto vacío, sobre una de las rejillas o estantes, se destaca un pequeño papel. Unas pocas palabras de gratitud y un saludo, componen un cariñoso mensaje que, el artista encontró en la calle y colocó en un lugar que parece, una mesa de disección.

La muerte es un tema que abordan varios artistas, con distintas modalidades expresivas. Paula Toto Blake presenta en su taller una serie de fotografías: las oscuras lápidas bajo la nieve que tomó en el cementerio de Edimburgo, un lugar cargado de leyendas que remite de inmediato al imaginario romántico. El procedimiento utilizado por Toto Blake exacerba unos efectos extraños, las cualidades y sensaciones que provoca el hielo y el brillo cortante que se percibe cuando se quiebra sobre las lápidas. El espíritu funesto de las obras, guarda relación con los sentimientos penosos de algunas pinturas prerrafaelitas, como la «Ofelia» de Millais. Junto a las imágenes de la arquitectura majestuosa de las lápidas, representativa de lo inapelable de la muerte, la artista exhibe una serie de fotos que expresan la pasión y la locura. Se trata de un grupo de sillas Thonet fotografiadas mientras se incendian, mientras las curvas y contracurvas que dibujan las llamas, lamen y devoran las ondulaciones de la madera. Las fotos tienen la belleza de una danza infernal.

Los artistas vistieron de fiesta el lugar, y luego de atravesar un estrecho pasadizo dorado, hay un jardín donde se esconde el jaguar blanco de Mariano Giraud. En el taller del grupo Oligatega Numeric (Alfio Demetre, Mateo Amaral, Giraud, Maxi Bellmann), se exhiben las instalaciones, videos y esculturas realizadas de modo individual. Bellmann proyecta un video donde una esfera abstracta y transparente comienza a transformarse como un caleidoscopio, al compás de una música rítmica y psicodélica. Amaral trabaja desde hace nueve años en «La Piedra negra», un film de animación.

Mariano Dal Verme, además de sus estructuras geométricas realizadas con delicadas y finas minas de grafito, presenta «La máquina de fumar». Sobre un blanco pedestal hay una caja de acrílico con dos perforaciones, en una de ellas se consume un cigarrillo, en la otra, un extractor chupa el aire.

En el taller de Hernán Marina las fotografías de unos muñecos atrapaban todas las miradas. Marina descubrió esos personajes con sus grandes corpachones de goma, sus narices rotas y sus caras sufrientes, en un gimnasio de Costa Rica, eran los puching-balls donde descargaban sus golpes los que llegaban.

Eduardo Basualdo apoyó la vidriada transparencia de tres amplios parabrisas sobre una pared, donde se proyectan las imágenes de tres pájaros grabados en los cristales. Supuestamente, los pájaros han chocado con el parabrisas y allí quedó la huella de los cuerpos, que se reitera sobre la pared como en un teatro de sombras. La imagen de las aves con sus alas extendidas, como si estuvieran en pleno vuelo, resulta no obstante, tan lírica como dramática.

Hernán Soriano, pertenece junto a Basualdo al colectivo de artistas Provisorio Permanente y trabaja unas estructuras de cobre que se pueden manipular como las de la brasileña Lygia Clark. En el taller de las Conchetinas, entre los tules, las piedras de utilería y los collages, Victoria Colmegna invitaba a su próxima muestra en la galería Miau Miau. La fecha es inolvidable: el 12 del 12 de 2012.

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