5 de octubre 2010 - 00:00

Arte de excelente nivel completa el panorama argentino en Fráncfort

Arriba, una pieza de «Platería argentina desde el período precolombino hasta la actualidad». Muestras tan disímiles buscan reflejar la diversidad cultural de nuestro país.
Arriba, una pieza de «Platería argentina desde el período precolombino hasta la actualidad». Muestras tan disímiles buscan reflejar la diversidad cultural de nuestro país.
Fráncfort - Este mes, en Fráncfort, sede de la Feria del Libro que tiene a nuestro país como invitado especial, no cabe duda de que Alemania recibe a la Argentina con genuino interés, y su objetivo es evidente: presentar ante el público un amplio panorama de nuestra literatura, pero también de nuestras tradiciones, nuestra historia y nuestro arte. Para cumplir con este cometido abrieron las puertas de espacios hasta ayer inaccesibles, como el bellísimo Museo de Arte Aplicado de Fráncfort, que posee un elegante edificio decimonónico entre los jardines que flanquean al río Main. En los 500 metros de sus salas neutras y recién recicladas, brilla la plata argentina.

Allí se exhiben las muestras «Platería argentina, desde el período precolombino hasta la actualidad» (ver Actualidad en pág. 4) y -con una estética que está en las antípodas de la anterior y brinda prueba de la diversidad cultural de nuestro país-, «Diseño contemporáneo. Visión argentina».

La exposición de platería se abre con las piezas de las culturas andinas y el noroeste argentino, realizadas antes del desembarco español. A través del recorrido se descubre la historia de un país atípico, que, ubicado en el extremo Sur del Otro Mundo, permaneció en parte ajeno a la sociedad transparente y global, que acabó por restarle al mundo todo su misterio.

El relato de la búsqueda del tesoro, la plata, -argentum-, que nunca se halló en la Argentina, brindó sin embargo su nombre a nuestro territorio y determinó el interés por este escasamente poblado retazo de tierra que el imperio español convirtió en el Virreinato del Río de la Plata.

En la presentación de la muestra curada por Roberto Vega Anderson, la embajadora Magdalena Faillace destacó el papel del gaucho en la lucha por la independencia. Los cuchillos y su orfebrería, los objetos gauchescos y religiosos adquieren entonces su significación. «Desde la independencia el país está cruzado por las tensiones entre la tradición y la modernidad», señala del director del Museo, Ulrich Schneider, ante el romanticismo de una obra del pintor viajero alemán, Morice Rugendas.

Las tensiones provocaron una prolongada guerra civil que terminó al consolidase la hegemonía porteña, cuando al promediar el siglo XIX se impuso el modelo de país centralista y liberal sobre las tendencias federalistas del interior. Se trataba de un triunfo de la «civilización» sobre la «barbarie» de nuestras tradiciones, como lo expresa Sarmiento, arquitecto de un país construido a imagen y semejanza de las naciones centrales. «Civilización» significaba entonces Europa, la ciudad y el puerto, el laicismo liberal, la modernidad; mientras que nuestra «barbarie» remite a la vastedad salvaje del territorio inabarcable, el oscurantismo de la herencia ibérica, los indios y los gauchos, la premodernidad.

La inmigración europea a gran escala (civilización) y la integración del territorio nacional por medio de una campaña que por poco no extermina la población indígena, reduce significativamente el gauchaje (barbarie).

En la muestra, la violencia que cruza la historia argentina está expresada en una de las versiones que pintó Angel della Valle de «El malón». Esta visión idealizada del rapto de una cautiva, representa con toda claridad el acto de barbarie del indio, acto que legitima el ensañamiento del conquistador. En la presentación de la exposición, Faillace tomó distancia pero no dejó de mencionar la situación que describió Ezequiel Martínez Estrada en «Radiografía de La Pampa», cuando inspirado en el filósofo alemán Oswald Spengler, habló de los extranjeros que llegaron a nuestra tierra «a colectar y a partir».

Hoy, cuando las tensiones que generó el arribo de la modernidad abrieron paso a otras tensiones tanto o más dramáticas que las de ayer, la muestra puede verse como un homenaje a nuestras tradiciones, al coraje del gaucho, a ese hombre que enfrenta en soledad el «vértigo horizontal» de una llanura infinita.

Lo cierto es que el pasado se reconstruye permanentemente, y a través del arte, Alemania nos demanda que le brindemos respuestas a las célebres preguntas de Paul Gauguin: «¿De dónde venimos? ¿Quienes somos? ¿A dónde vamos?»

Modernidad

Un salto adelante en el tiempo y una vuelta de timón en las cualidades estéticas, nos lleva al siglo XX y al despuntar de la vanguardia. La Argentina muestra un perfil diferente: la modernidad que, a pesar del espíritu que sobrevive en una sociedad conservadora, configura nuestra más genuina herencia cultural. Curada por el académico Ricardo Blanco, la exhibición de diseño argentino recrea la diversidad ideológica y estilística representada en obras como un mate de su autoría, entre otras versiones contemporáneas de los objetos tradicionales.

La muestra se inicia con la silla BKF (Bonet, Kurchan, Ferrari Hardoy) de 1938, un ícono del diseño argentino que ganó fama en el mundo, y culmina con la belleza del perchero E.H.R. de 2004, un genuino bosque utilitario (Sabatini, Rapaport). Los jóvenes Gómez Llambí y López Prystaijo exhiben con humor e ironía la estatización de la sociedad contemporánea: replican unos mullidos y labrados almohadones de seda y brocato en pesado cemento, un material imposible. En un escrito erudito, Ricardo Blanco analiza la influencia del diseño alemán en nuestro país.

Y así, sin perder de vista la creatividad de las nuevas generaciones, los textos evocan la figura del pintor, diseñador y pensador argentino Tomás Maldonado. Radicado en Europa desde 1948, cuando invitado por Max Bill inició su notable carrera en la Escuela Superior de Diseño de Ulm -una segunda Bauhaus-, Maldonado formó parte de la vanguardia argentina con el grupo Arte Concreto Invención y en la actualidad, con sus más de 80 años, se ha convertido en una leyenda.



* Enviada Especial

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