Arte urbano inspirado en Borges y Xul Solar

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Jorge Luis Borge s y Xul Solar entablaron al promediar la segunda década del siglo XX una amistad memorable. La ciudad de Buenos Aires fue el escenario. Con el objetivo de recordar el pasado y celebrar el talento de Borges y Xul, el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi y la presidente de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, María Kodama, convocaron al ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, a la directora del Museo Xul Solar, Elena Povarché y a un grupo de buenos artistas para que desplegaran su arte por la calles de la ciudad.

El sábado pasado, los gestores de esta movida se reunieron en el Museo Xul Solar (Laprida 1212) para inaugurar la gira, rodeados por las obras de Xul. El inagotable imaginario del artista, tan deslumbrado por el esoterismo como por los avances de la tecnología, como se advierte en "Vuel villa", un pueblito volador, continúa asombrando a los espectadores. "En Xul Solar todo es maravilloso, de ese maravilloso que rompe la razón", escribía Pettoruti, exaltando la condición mágica del personaje.

Borges supo descubrir el talento del artista y disfrutó de sus excentricidades. Ambos crearon un mundo propio. Era muy común verlos juntos, caminando por las calles de Buenos Aires, ajenos a todo lo que los rodeaba, confrontando sus mundos extraños y ensimismados en una incomparable felicidad verbal. ¿Qué misterios dilucidarían durante sus interminables encuentros?

Culto, sensible y ecléctico, Borges, el fundador mítico de nuestra Buenos Aires cosmopolita y a la vez local, admiraba la inventiva de Xul y su caudal de conocimientos sobre lingüística, religiones, música, astrología y filosofía hermética. Ambos convivían con los últimos movimientos llegados de Europa, pero compartían la aspiración de recuperar la tradición criolla de su ciudad natal, el deseo de dotarla de un lenguaje propio.

"Ya Buenos Aires, más que una ciudá es un país y hay que encontrarle la poesía y la música y la religión y la metafísica que con su grandeza se avienen. Ese es el tamaño de mi esperanza", escribía Borges. Y no es casual que dedicara ese libro a Xul, creador entre otras lenguas del neocriollo, destinado a facilitar la comunicación de una utópica "Confederación de los Estados Latinoamericanos del futuro". Tampoco es casual que Xul ilustre "El tamaño de mi Esperanza" y "El idioma de los argentinos".

Luego de asomarse al esplendor del pasado se inició la gira hacia la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. En la calle, las nuevas generaciones de artistas ensayan respuestas ante la genialidad que reciben como herencia. Para comenzar, por las veredas aparecen algunas abstracciones con colores verdes, azules y rojos, de Mariano Ferrante. Al elevar la mirada se divisan, flameando, las banderas de Daniel Joglar cargadas de simbología que señalizan todo el recorrido. La "Pan-bandera" de Joglar surge a partir del significado y el uso de la palabra Pan (Universal), acuñada por Xul. Inspirado en la obra "Drago" (1927), Joglar, observa: "La necesidad de la panlengua surgió de los bloques en los que se divide el mundo: Paneuropa, Panamérica y Panasia. Su neolengua universal es un instrumento complementario para los tres".

Las abstracciones de Graciela Hasper resplandecen y se vuelven figurativas al recortarse sobre los edificios de la calle Laprida. Al caer la noche las obras diseñadas sobre acrílicos pintados con tinta de serigrafía, traslucen con la luz del led. Los perfiles evocan los personajes de Xul. "Brillan de un lado con su luz blanca (calida) pero en el reverso la luz esta teñida como un vitral y produce destellos de diversos colores", señala Hasper.

La obra de Luis Terán, un farol de hierro ubicado en el estratégico pasaje peatonal donde se unen las paralelas Anchorena y Ecuador formando una pequeña plazoleta, ostenta la iconografía de las pinturas de Xul Solar y comparte la gracia de los juegos infantiles. Xul pintó un paisaje montañoso con escaleras y personajes que lo transitan, pero Terán aclara: "Estas montañas son también pechos femeninos. No quise obstruir el cruce peatonal que en ese punto tiene cinco direcciones diferentes, y realicé una escultura que pueda transitarse, atravesarse y contemplarse desde varios lados. Luego, utilicé los colores de Xul. La cara, montaña o teta emerge del piso y está pintada en anaranjado con sutiles manchas rojas, mientras las cabezas de los gatos, están pintadas en negro, con esfumados de colores primarios y pinceladas blancas en pincel seco, bien al estilo de Xul", observa.

El anhelo de los artistas es poner frente a los ojos de los espectadores (en este caso los transeúntes) las obras de Xul Solar cuyo tamaño original es pequeño. Algunos lo han logrado, otros, no alcanzaron la dimensión que demanda el arte público. De este modo, la escultura de Terán pone al espectador bajo una montaña de 450 centímetros de alto, "con cabezotas de gato que lo protegen", concluye el artista. Las obras permanecerán en la calle hasta el mes de febrero del año próximo y los jueves a las 14, desde la Fundación Borges, parten visitas guiadas gratuitas.

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