• EL PRESIDENTE MAURICIO MACRI ACTIVÓ AYER EL 136 PERÍODO DE SESIONES ORDINARIAS EN EL CONGRESO El recinto se mostró poco conmovido por el mensaje del jefe de Estado, que no dio cifras precisas sobre la economía. Risas opositoras sobre la inflación. El “ayudame, boludo” de Michetti a Monzó.
La Corte. Eduardo Duhalde cumplió con la invitación y se sentó en un palco bandeja entre Elena Highton de Nolasco y Ricardo Lorenzetti.
Mauricio Macri activó ayer el 136 período de sesiones ordinarias con un discurso que duró 40 minutos, un tercio de hora menos que el año pasado. Esta vez no bromeó en cuanto a no tener caries; tampoco se golpeó el pecho ante los aplausos de los legisladores. Oficialismo y oposición escucharon un discurso de terapia intermedia, sin cifras precisas sobre la economía pese a que el mandatario dejó en claro que "lo peor ya pasó", con el estirado "segundo semestre" ya en el olvido, y casi en silencio, excepto algún minúsculo estímulo "groupie" PRO. El clan Kirchner Cristina y Máximo- adoptó la adorada filosofía de evasión para no ver al jefe de Estado.
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Fueron dos legisladoras quienes madrugaron en el recinto. Minutos después de las 9, y tras el último rastreo de la brigada antiexplosivos, aparecieron la senadora Lucila Crexell (Neuquén) y la diputada Olga Rista (Córdoba). Cerca de las 10 ingresaron manadas de legisladores de todos los bloques, con Carmen Polledo (PRO) y Miguel Pichetto (PJ) como los más solicitados. Mientras tanto, la izquierda preparaba carteles para "reincorporar ya a los despedidos" y pañuelos verdes por la campaña a favor del aborto. A esta última jugada se plegaron, entre otros, varios legisladores K y dos diputados oficialistas: Josefina Mendoza y Fabio Quetglas.
Los senadores justicialistas Pichetto y Rodolfo Urtubey crearon un cerco sobre el peronista disidente Adolfo Rodríguez Saá y aprovecharon para intercambiar palabras tras enojos varios del puntano con casi toda la Cámara alta desde fines de 2017. Hacia un costado y más arriba se mostraron los jerarcas del radicalismo Mario Negri, Ángel Rozas y Luis Naidenoff. Por los palcos del primer piso desfilaron el intendente bonaerense de Cambiemos Diego Valenzuela (Tres de Febrero) y, más escondidos, el titular de la ANSeS, Emilio Basavilbaso criticado por muchos legisladores por sus pocas visitas al Congreso para dar explicaciones- y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Por su parte, el cabizbajo Nicolás Massot (PRO) se escurrió entre las filas del camporismo en el recinto y le aceptó un mate al formoseño K Luis Basterra.
"Ayudame, boludo", le pidió la vicepresidente, Gabriela Michetti, al presidente de Diputados y peronista con témpera PRO, Emilio Monzó, para hacer sentar a los legisladores y dar inicio a la Asamblea Legislativa. Minutos más tarde, con cuarto intermedio y a la espera de Macri, figurillas de distintas ramas se sumaron al convite. Al lado del estrado principal se agrupó la Corte Suprema con su titular, Ricardo Lorenzetti, y los magistrados Elena Highton de Nolasco y Juan Carlos Maqueda. Entre Lorenzetti y Highton se sentó el expresidente Eduardo Duhalde, quien recibió el clásico besamanos de "compañeros" peronistas. Como era de esperar, la diputada Elisa Carrió (Coalición Cívica) pasó varias veces sin siquiera mirar hacia esa zona.
Un poco más hacia el costado se ubicaron el jefe de Gabinete, Marcos Peña; y varios ministros nacionales. Del otro lado del estrado se sentaron los gobernadores María Eugenia Vidal (Buenos Aires), Juan Manuel Urtubey (Salta), Mariano Arcioni (Chubut), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Sergio Uñac (San Juan) y el alcalde porteño, Horacio Rodríguez Larreta. A la mandataria bonaerense se la vio relajada e incluso improvisó una mini cumbre amistosa en el recinto con sus pares, tras lograr el año pasado una millonada de fondos a favor de su distrito en medio de la puja por el nuevo cálculo de actualización jubilatoria. De hecho, fue Vidal quien más pujó a fines de 2017 por un DNU cuando se cayó una sesión en Diputados por este tema, situación frenada por Carrió vía redes sociales.
Minutos antes del arribo de Macri al recinto, el diputado y cabalgador del PRO Pablo Tonelli se acercó a dialogar con Lorenzetti, mientras que a centímetros cruzaron palabras Pichetto y Duhalde. Del otro lado del cuadro aparecía un casi inmóvil Daniel Scioli y, metido entre los kirchneristas, el senador justicialista José Mayans.
El Presidente llegó minutos antes de las 11 al Congreso y saludó desde la explanada hacia un vacío sólo un puñado de fotógrafos lo esperaba-, a diferencia de las masas militantes y gremiales que acercaba el kirchnerismo vía delicias estatales. Durante su alocución, no pudieron evitar ver sus celulares Peña; el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, y la diputada K Cristina Álvarez Rodríguez, que incluso envió mensajes de audio.
La desaparición del ARA San Juan y el homenaje que pidió Macri más allá de un grito lejano de "encuéntrelo"- fue lo más aplaudido por todo el recinto. También cuando pidió no recordar la educación "sólo cuando hay paritarias" y la mención a crecer "sin patoterismo ni extorsiones", aunque el faltazo gremial fue evidente en los palcos. La única risa que pudo sacar el Presidente al massismo y al kirchnerismo fue cuando resaltó que los salarios le habían ganado a la inflación el año pasado.
Macri no olvidó todas las rencillas. Por caso, habló del grave problema de obesidad infantil a semanas de haber permitido que se mantuviera el mismo esquema impositivo para bebidas azucaradas -necesitaba votos de Tucumán para el cálculo jubilatorio-, y bajó tensión de la agenda de género cuando aseguró que empujará que mujeres cobren igual sueldo que hombres ante un mismo trabajo. Como yapa, adelantó el envío de una ley para equiparar también los días de licencia por paternidad. Los senadores lo miraron serio ante dos solicitudes para tratar a la brevedad: mercado de capitales financiamiento productivo- y extinción de dominio, que busca recuperar bienes del narcotráfico y corrupción. Se levantó al terminar el discurso, con su brazo derecho siguió el cántico "sí, se puede; sí se puede" de los legisladores de Cambiemos y se fue tras el último de los más de 30 aplausos que le regalaron en el recinto.
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