Atractiva fábula sobre amor e incomunicación

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«Aliento» (Soom, Corea, 2007, habl. en coreano). Guión y dir.: K. Ki-duk. Int.: Ch. Chang, H. Jung-wo, J. A Park, K. Ki-duk.

Tras enterarse del adulterio de su marido, una joven madre y artista plástica se ha encerrado en el mutismo. Pero algo le llama la atención: la noticia de un condenado a muerte que intentó suicidarse de modo bastante curioso y ahora no puede hablar. Pretendiendo ser una ex, la joven obtiene permiso para visitarlo. A partir de ahí, paulatinamente surgirá una fantasiosa, intensa, extraña relación pasional, que ha de alterar la vida de ellos y de otras tres personas, incluyendo al marido.

Sorprende la decisión y la imaginación de esa mujer para ir embelleciendo el lugar de encuentro con el preso, dedicarse a él, vestirse para él, cantarle, hacerse necesaria, trascender el espacio gélido y gris de la realidad, inventar un lugarcito colorido y afectuoso en donde volcar lo que se lleva dentro, y a la vez sorprende el modo en que el autor de esta historia, el inefable Kim Ki-duk, compone con ello toda una fábula contemporánea sobre la mente femenina, el amor, los triángulos, la comunicación, la incomunicación, la respiración, el ahogo, y el paso del tiempo, con los cambios y aceptaciones que cada cosa implica. Ella es, en cierto sentido, la antítesis del criminal, pero ambos están presos y angustiados por lo que cada uno ha vivido, ambos se complementan y se iluminan, y cada uno encontrará al final una llave distinta para su encierro. Aunque quizá no sea la llave verdadera. ¿Pero qué es del todo verdadero en esta historia, salvo los sentimientos que a veces afloran donde menos se piensa?

Antes dijimos que otras tres personas también iban a ver alteradas sus vidas ante esa inesperada relación. Otro preso, víctima de los celos o la envidia. El marido, sorprendido, luego también iluminado. Y un hombre que está «en las sombras», el jefe de vigilancia, que controla y a veces dispone la puesta en escena a través de las cámaras de control. Así es, también el voyeurismo y la digitación, o prestidigitación, del cine se suman a los varios temas de esta fábula.

Dato para cinéfilos y buscadores de la quinta pata del gato: ese jefe que mira y acomoda el amor ajeno a través de las cámaras es interpretado por el propio Kim Ki-duk. Pero apenas se lo ve. Más visible, en cambio, aunque no tanto como uno quisiera, está la protagonista taiwanesa Chen Chang, la misma que diez años atrás anduvo fugazmente por Buenos Aires, acompañando el rodaje de «Happy Together», de su compatriota Wong Kar Wai. Y en ese momento acá nadie le dio bolilla.

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