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Atraso cambiario: cuando rebalsa la bañadera
Los plomeros le dedican tiempo y esfuerzo a discernir la "secuencia óptima de cierre de grifos" (o sea, cuáles cerrar antes y cuáles después). También discurren sobre la conveniencia de cerrar selectivamente algunos grifos, lo que ellos denominan "poner trabas al ingreso de capitales especulativos". Una variante de este enfoque recomienda un impuesto al ingreso de capitales, o inmovilizarlos por un lapso de tiempo para frenar los efectos disruptivos de la inundación. Algunos consideran el procedimiento de "secado por absorción" que consistiría en que el Banco Central aplicara una aspiradora comprando los dólares que hacen rebalsar la bañadera. Esta propuesta nunca entendió la diferencia entre tipo de cambio real y nominal.
Las soluciones se multiplican en un afán por reducir los efectos destructivos de la inundación sobre el tipo de cambio real. Como es un problema de inundación aparece naturalmente el término "flotación" y algunos atribuyen el problema al tipo de cambio flotante y pregonan que esto no sucedería con tipo de cambio fijo, mientras que otros opinan que, por el contrario, el problema se debe al tipo de cambio fijo mientras que un tipo de cambio flotante hubiera impedido que la bañadera rebalsara.
Mientras estas elucubraciones poblaban las mentes de los plomeros, el agua llegó a la habitación del hijo de la familia, un jovencito de quince años de edad, estudiante con excelentes calificaciones en literatura española de la época de Lope de Vega, Góngora y Quevedo.
El joven fue directo al baño y, parándose frente a la bañadera, sentenció "tiene puesto el tapón. Sáquenlo".
Los allí presentes, su padre, los plomeros, albañiles y un vecino que había venido a curiosear quedaron estupefactos y dijeron, casi al unísono, con el horror reflejado en sus rostros ¡"Pero eso equivale a abrir las importaciones"!
Sí, contestó tajantemente el joven y volvió a los versos de Francisco de Quevedo pensando que se referían a la verdad, de la cual él acababa de dar testimonio:
Y eres así a la espada parecida, que matas más desnuda que vestida.
La tajante respuesta de su hijo expuso a los ojos del ingeniero el verdadero dilema: (1) Continuar con trabas y tapones a las importaciones para "mantenerles la vaca atada" a quienes medran de la existencia del tapón, o (2) sacar el tapón, lo que impide que rebalse la bañadera y caiga el tipo de cambio real dejando, así, a salvo la solidez de la casa sin necesidad de plomeros ni albañiles.
Habiendo entendido que el problema era el tapón, evaluó las medidas que darían más fluidez a la llegada y salida de dólares. Sin consultar a su hijo comprendió que la fluidez sería mayor si el gasto público (financiado con endeudamiento o con impuestos), incurrido principalmente en bienes no-comerciables internacionalmente (planes sociales y remuneración al empleo público), fuera menor y si la economía se desregulara y, así, bajara el costo país. Todo esto facilitaría las cosas, pero nada de ello exime de la necesidad urgente de sacar el tapón.
| (*) Consejero de Libertad y Progreso. |


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