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Audaz, Massa analiza pedir ilegalidad del sistema de Primarias
Ese grupo de expertos, entre quienes hay algunos ligados a la administración duhaldista, le está preparando en estas horas un análisis de la suerte que puede tener en la Justicia ese recurso, toda una aventura porque hasta ahora la ley de las PASO, un recurso caro y que no cumple el propósito para el que fue aprobado, no ha recibido reproches serios en la Justicia y menos por su inconstitucionalidad. El domingo fue la segunda vez que se aplicó en elecciones nacionales y nadie se quejó, a pesar de que esas Primarias suelen ser un festival de la lista única -algo que mermó algo en las del domingo- ni ha reducido el número de agrupaciones que participan.
Lo que busca impugnar este recurso -que aún no ha sido aprobado por Massa, que quiere ver que sea plausible y que no corra un camino de ridiculización en la opinión pública- es el propósito más importante que quiso imponer el peronismo en esa ley: que el perdedor de unas Primarias quede inhabilitado para el resto de la carrera. Por eso las PASO son en realidad un sistema de elección de candidatura, pero antes que eso, de validación de postulaciones. En esa norma, como en los proyectos que precedieron a su sanción, se buscó impedir lo que había ocurrido en los años '90 cuando los sectores disidentes del PJ y de la UCR integraron el FrePaSo como nuevo y exitoso partido como recurso para quebrar la hegemonía de las oligarquías partidarias. El PJ de Carlos Menem sesionaba casi en broma con Antonio Cafiero en discretas reuniones a la hora del té en Olivos todos los martes. La UCR de Raúl Alfonsín intervino en 1993 todos los distritos que se oponían al Pacto de Olivos. La coronación de ese impulso fue la inclusión en la Constitución reformada de 1994 del voto obligatorio y de la institución de los partidos políticos como instrumento del sistema político. Eso no estaba previsto en el "Núcleo de Coincidencias Básicas" que era objeto de esa reforma, pero se incluyó entre gallos y medianoche como canto de cisne -valga la redundante metáfora de aves de corral- de la partidocracia que estalló en la crisis de 2001.
El propósito de este impulso massista es permitir que el Frente Renovador, a la hora de sentarse a un acuerdo previo a las elecciones de octubre, ofrezca no sólo sus equipos y los votantes que pueda movilizar, sino también al propio Massa como integrante de una nueva fórmula presidencial, por ejemplo, de un Macri que acuerde con él. O la posibilidad de integrar una fórmula él con José Manuel de la Sota, inhabilitado por haber perdido las PASO contra él, pero que sacó una sorprendente porción de votos que lo convierte en un activo electoral interesante, aunque sin chapa para correr. Sacó más de 1,4 millones de votos, casi la mitad que Massa (3,1 millones).
Nadie de quienes siguen este trámite abogadil de los asesores de Massa cree que este recurso llegue a buen final en la Justicia porque debería recorrer en dos meses y medio desde la justicia Servini hasta la Suprema Corte. Pero igual vale como señal. Primero, de ingenio político y de crítica al sistema electoral, hoy en un turno de desprestigio por el trámite torpe del domingo, aunque en el fondo no implique que sea defectuoso o que consagre ganador al que perdió (algo que ocurre en muchos países del mundo). Segundo, como señal de ruptura frente a De la Sota, una forma de liberarse del acuerdo y de abrir la puerta a alguna negociación con el sciolismo. La cantidad de votos que sacó De la Sota señala que sus seguidores sostienen la puja entre su peronismo y el kirchnerismo, algo que indica que los votantes del delasotismo están cerca de arrimarse al macrismo que el kirchnerismo.
En ese escenario, el acercamiento entre el massismo y el sciolismo parece fatal y no faltan quienes indiquen que hubo ya intentos de contacto a traves una llave. Esa llave se llama Felipe Solá. Hoy una campaña presidencial de Massa parece un gesto testimonial, pero lo que puede devolverle el massismo en votos al sciolismo puede ser vital para el oficialismo. La elección del domingo probó también que el voto del radicalismo sociológico apostó a la tesis de Gualeguaychú de que tiene que apoyarlo a Macri en octubre. De otra manera los radicales hubieran respaldado con más énfasis a Ernesto Sanz dentro de Cambiemos o, por afuera, hubieran alimentado a Margarita Stolbizer, que quedó muy por debajo de las expectativas de todos.
Esta movida de Massa, de la cual hay que esperar el final, adelanta un escenario más que previsible después de las PASO del domingo. Allí sciolismo y macrismo hicieron lo que mejor que pudieron, al borde de sus posibilidades y detrás de sus estrategias respectivas: Para el FpV, ganar en primera vuelta en octubre; para "Cambiemos", entrar en el balotaje. Lo que queda es el camino ideal para los dos candidatos: Scioli y Macri son dos escaladores, acostumbramos al camino difícil, caminadores de cornisa y expertos en laberintos. Por eso han llegado a donde están. Lo que les espera es tarea para un calculista de hormigón (un Julio Cobos , por ejemplo): convertir lo que hoy es techo en piso para seguir subiendo.
En este juego busca entrar Massa, con una novedad que quisieran todos fuera viable: barajar y dar de nuevo por fuera del corsé.

