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Aún falta montar el Siqueiros y desaparece el restaurador
• Manuel Serrano permanece en México.
• Algunos sostienen que fue desvinculado
El restaurador mexicano Manuel Serrano fue quien cortó en pedazos «Ejercicio plástico» en 1991, y era el encargado de volver a reunir las partes, pero se fue a su país justo cuando empezaba el complicado montaje.
Antes que nada, la justicia deberá resolver si la expropiación de la obra es constitucional o no. De esta determinación depende que se respete la actual condición «mueble» del mural, ya que si no se expropia se debe devolver en diciembre, cuando termina el convenio de exhibición o, que, por el contrario, se vuelva a convertir en «inmueble» instalado en el museo de la Aduana Taylor, como era en su origen, antes de retirarlo del sótano donde lo pintó Siqueiros en la década del 30. Sobre este tema engorroso trata el fallo judicial fechado el 1 de septiembre que hoy impide adherir con cemento la obra al museo y alterar su naturaleza mueble, medida que pone en riesgo la tan esperada exhibición.
Funcionarios del gobierno de México no ocultan su preocupación. Los diplomáticos radicados en la Argentina se aprestan para recibir a su presidente, Felipe Calderón, que llegará en diciembre a la Cumbre Iberoamericana. Si el mural de Siqueiros se exhibiera entonces, como anunció la presidente Cristina de Kirchner, Calderón prolongaría su estadía para asistir al vernissage.
Honor
Poco antes de la celebración del 25 mayo, después de terminar la restauración de la pintura y de lograr un verdadero milagro, ya que la castigada obra exhibió un esplendor inesperado, Serrano partió a México por unos días, dijo que pronto regresaría. Lo cierto es que ahora no está para cumplir con su cometido, es decir, ensamblar los fragmentos que cortó con sus propias manos, una misión indelegable en la que se juega su honor. Durante años el restaurador aseguró que los cortes en la superficie semicilíndrica pintada por completo -las paredes, el piso, el techo-, no lastimarían la obra. Hasta relativizó los daños causados por la permanencia del mural durante 17 años -impuesta por un prolongado litigio judicial que todavía prosigue-, en una situación inconcebible: encerrado en cuatro containers, al aire libre, en una playa de grúas.
Ahora llegó el momento de demostrar que, reunidas las partes, la pintura recupera el cinetismo y depara la sensación de movimiento que buscaba su autor cuando pintó esos desnudos que flotan en una marea imaginaria; los célebres desnudos que sólo unos pocos elegidos han visto.
Sin embargo, es probable que Serrano haya sido reemplazado. Esto asegura su mano derecha en la Argentina, el restaurador Eduardo Guitima, quien lo secundó cuando sacaron el mural de la quinta de Don Torcuato, y también cuando restauró los murales de las Galerías Pacífico. Ante la ausencia de su maestro, Guitima aporta un dato crucial: «Me encontré con una restauradora que trabaja en el Congreso, y me dijo que quienes ganaron la licitación [para construir el museo que albergará la obra] la habían contratado, aunque ella nunca había visto el mural. En los pliegos de la licitación figura que ellos [los constructores] se tienen que hacer cargo del armado del mural». Consultado sobre la posibilidad de que Serrano, cuyos honorarios financia el gobierno de México, haya sido desvinculado de sus tareas (a medio terminar), Guitima responde taxativamente: «A mí también me desvincularon. Y soy el único que conoció el mural cuando estaba en la quinta. Ni siquiera Néstor Barrio [a cargo de la Fundación Tarea de la Universidad San Martín] llegó a verlo. No sé qué puede haber pasado, porque los de la Universidad que son los responsables, le otorgaron a Serrano un título Honoris Causa. Pero la última vez que estuve en el tinglado de la Plaza Colón, observé que la pintura no estaba como nosotros la dejamos, perfecta, advertí que le rompieron unos bordes que aparecieron saltados».
En el mes de mayo, los técnicos que construyen un museo de 7.000 metros cuadrados para el mural, habían tratado de armarlo y fracasaron. Es probable que las roturas se hayan producido entonces.
El mural fue extraído de la quinta de Don Torcuato con una obra de ingeniería muy compleja, cuyo costo superó el millón de dólares, y el montaje entraña grandes dificultades. Las piezas tienen una notable curvatura y es preciso tensar unas cuerdas para ensamblarlas y que coincidan. Luego, más allá de la instalación temporaria o definitiva de la obra, se esperaba que Serrano definiera cuestiones tan importantes como la iluminación o qué se hace con el piso de cemento coloreado, si el público que visite el mural caminará sobre él.
Exhibición
Cuando en 2009 las cámaras del Congreso dispusieron la expropiación de «Ejercicio plástico», la firma Dencanor, propietaria de la pintura, que previamente había firmado un convenio de exhibición con el gobierno argentino, inició una demanda considerando que «la expropiación debe ser declarada inconstitucional» ateniéndose a la Ley 12.665, donde dice que un bien de «utilidad pública» puede ser expropiado, «o se acordará con el respectivo propietario el modo de asegurar los fines patrióticos». El criterio de la protesta es que una cosa excluye a la otra.
Así, mientras Dencanor rechazaba la cifra elevada por el Tribunal de Tasación (que sería de 12 millones de pesos), alguien informó que en la Aduana Taylor preparaban cemento para amurar la pintura. Fue entonces cuando la jueza federal Cecilia De Negre dictaminó que «no se puede alterar la naturaleza mueble de la obra», y el oficio llegó el mismo día a la Secretaría General de la Presidencia de la Nación.
Antes del arribo del presidente Calderón, los mexicanos, enterados del deseo de Cristina de Kirchner de fundar un museo de arte político, le regalaron un retrato del prócer José María Morelos. Mientras tanto, otros retratos de líderes de la revolución, Benito Juárez, Emiliano Zapata, Pancho Villa, y del presidente que nacionalizó el petróleo, Lázaro Cárdenas, hacen fila para ingresar a la Aduana Taylor.
Después de permanecer más de media centuria en un sótano, 17 años en los containers y 2 en la Plaza Colón, «Ejercicio plástico» continúa inaccesible a los ojos del mundo.
Mientras tanto, el mural que el siempre polémico Siqueiros ejecutó en una escuela de Chile acaba de ser recuperado, y la semana pasada anunciaron que se proponen restaurar «América tropical», pintado en 1932 en la ciudad de Los Ángeles, antes de viajar a Buenos Aires. El mural representa un peón crucificado, y demandará una inversión de casi nueve millones de dólares. La decisión es contraria a la voluntad de Siqueiros, quien poco antes de morir trabajaba en la reconstrucción de «América tropical» y, en marzo de 1976, dado el lamentable estado de la pintura, escribió con mayúsculas una carta que aún se conserva, y dice: «NO AUTORIZO a ningún artista a trabajar sobre el muro original [.] ni a realizar una copia fiel, ya que esto es materialmente imposible. Esta es la razón por la que decidí realizar yo mismo [.] un panel mural repitiendo la obra». No obstante, el alcalde de Los Ángeles y el prestigioso Instituto Getty, decidieron ignorar su voluntad.


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