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Autocrítica para evitar derrotas
Mercedes Marcó del Pont se salvó ayer en el Senado. La oposición ahora replantea estrategia para evitar otros fracasos en el recinto la semana próxima.
En medio de esa tormenta estuvieron el radical Gerardo Morales y el puntano Adolfo Rodríguez Saá, responsables de «arriar» a los senadores al recinto. Esa reunión de opositores de todos los colores comenzó antes que José Pampuro levantara ayer la sesión por falta de quórum.
Al ver que no conseguirían el quórum, los radicales y peronistas rebeldes comenzaron a concentrarse ayer en el Salón Illia, próximo al recinto, para seguir desde allí la sesión. Fue el lugar donde luego se encerraron los senadores a solas, sin dejar entrar siquiera a algún colaborador, para analizar cómo seguiría el grupo a partir de la derrota.
Fueron dos horas de discusiones donde no hubo trompadas, pero sí protestas destempladas por la estrategia seguida. Se cuestionó que el único camino marcado para la oposición hubiera sido conseguir los 37 votos para imponer el rechazo a Marcó del Pont, una performance que compromete la votación de la próxima semana del DNU que creó el Fondo de Desendeudamiento. El único proyecto que por ahora queda fuera de esa lógica es la modificación al reparto del impuesto al cheque, donde hasta algún oficialista esta dispuesto a bajar a sesionar. (Ver nota aparte.)
A ese encuentro llegó Rodríguez Saá después de haber mantenido una reunión aparte con parte del peronismo disidente. Hubo idas y vueltas hasta que terminó confluyendo en el salón todo el bloque radical, Rodríguez Saá y Liliana Negre de Alonso, María Eugenia Estenssoro, Rubén Giustiniani, Luis Juez y Norma Morandini, Carlos Verna, Graciela Di Perna y Sonia Escudero.
Calma
Rodríguez Saá quiso calmar el ambiente de entrada: «No fue un fracaso de nadie, en todo caso fue de todos».
Analizaron entonces los dos faltazos claves que complicaron la sesión. Según se relató allí, a María José Bongiorno la «convencieron» Miguel Pichetto y Nicolás Fernández, mientras en el caso de Roxana Latorre hubo colaboración además.
Nunca se pudo comprobar, aunque sí será clave para la semana próxima, si fue cierto o no el mensaje que había llegado desde la Casa Rosada sobre algún otro convencido que se había logrado a último momento, como el caso de la correntina Josefina Meabe, que ayer no apareció colaborando con el kirchnerismo. Pero el dato es clave para pronosticar el futuro.
En la discusión se blanqueó una realidad que algunos senadores le enrostran a Morales: «Así no se puede seguir», le dijeron, con relación a la estrategia seguida y la inestabilidad de ese grupo opositor. En realidad, no es demasiado lo que el radical puede hacer comandando un acuerdo donde confluyen demasiados bloques unipersonales de peronistas desencantados que no están dispuestos a votar siempre en el mismo sentido.
De ahí que se acordará que de ahora en más habrá reuniones previas a la Comisión de Labor Parlamentaria para tantear el humor de cada uno de esos monobloques antes de plantear exigencias al oficialismo. Y se inaugurará un grupo de seguimiento personal para intentar evitar que más senadores se «escapen» en momentos como el de ayer, precipitando nuevas derrotas.


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