21 de noviembre 2013 - 00:00

Autorregulación secular

Autorregulación secular
Una de las implicancias más importantes del análisis de quienes vienen analizando la posibilidad de que la economía global esté ingresando en un período de estancamiento secular es el efecto que estarían teniendo la demanda de mayores regulaciones sobre el mercado. Si es cierto como se postula, que la única fuente de expansión económica y el consiguiente mantenimiento del empleo (desde mediados de los 80) son las burbujas en el precio de los activos, la sobrerregulación del mercado -aun cuando se orientase para el aparentemente "buen fin" de reducir el riesgo sistémico"- menguaría el efecto benéfico de esas burbujas, retroalimentando el estancamiento. Como afirma Larry Summers, "la mayor parte de lo que se haría bajo la excusa de prevenir futuras crisis sería contraproducente". Incluso una de las voces más altisonantes reclamando la intervención del Gobierno -Paul Krugman- reconoce que hoy "aún la mejor regulación financiera no es necesariamente una buena cosa, ya que desincentivaría los préstamos y toma de dinero irresponsable, en un momento en que el mayor gasto de cualquier tipo es bueno para la economía". Desde una posición no tan extrema, podríamos decir que la represión del mercado constriñe la innovación financiera, y que esto a su vez inhibe el crecimiento económico. Con más temores que confianza, el Dow se mantuvo ayer en torno a la línea de la neutralidad pasadas las 14, cuando se difundieron las minutas de la reunión de la Reserva Federal. Bastó incluir que "en los próximos meses" la Fed podría reducir su estrategia de compra de bonos, para que el Promedio finalizara el día retrocediendo un 0,41 por ciento a 15.900,82 puntos.

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