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Autos mar adentro, botes estacionados
«Nadie ha venido, ni un bombero, ni un policía. No saben lo que nos ha pasado», dijo Juan Placencia, un habitante de Santa Clara de Talcahuano, cuya casa está invadida por el barro que dejó como estela el tsunami que asoló a este poblado tras el terremoto de 8,8 grados.
Situado 500 kilómetros al sur de Santiago, este puerto de Concepción conforma una de las zonas más devastadas por el sismo que dejó al menos 708 muertos, según un balance provisorio.
«Después del terremoto, nosotros ya sabíamos lo que se venía. Así que fuimos al segundo piso para ponernos a salvo. Dos horas después, el mar se salió», contó Carmen Molina, mientras, ayudada por una escoba, intentaba despejar el fango que entró a su casa.
Todos tratan de salvar lo poco que les queda. Un hombre mayor de cabello rubio sollozaba, mientras levantaba su frasco de champú. Toda la fachada de su vivienda cayó tras el sismo. Como si se tratara de una radiografía, desde el frente podían verse consecutivamente las divisiones de su casa: el living, el dormitorio y el baño, que parece un pequeño pantano.
«Esto parece un escenario de guerra», dijo un taxista, mientras cruzaba una calle principal, la única medianamente transitable.
Agencia ANSA


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