Puede resultar tarea inútil encontrarle sentido a lo que proviene de novedades del mundo, de las locales, de las economías, o de las finanzas. Reflejando esto, sobre los índices de los mercados. Nuevamente no resultó una semana, en este caso muy corta poblada de buenas nuevas. Y, sin embargo, haciendo uso de temas de muy poco porte, se logró neutralizar asuntos preocupantes como para dejar saldos de un período de cierta bonanza. El Fondo Monetario, en el que Estados Unidos es el socio principal, diciendo que lo que se propone en aquel país «no es creíble», suena como una lápida para un Dow Jones que estuviera a la altura de su historial. En cuanto al ámbito doméstico, todo el verdadero sainete que se armó, en torno de Siderar y su pugna con los deseos oficiales, donde también intervinieron funcionarios de cualquier calibre y la propia Comisión Nacional de Valores, deja como un primer sedimento lo frágil que es todo en nuestro medio, cuando lo político partidario toma cartas en la discusión. ¿Cuándo?, ¿dónde?, se ha visto que el organismo haya pedido explicaciones a alguna compañía de las cotizantes en nuestra Bolsa... Nunca, hasta hace mucho tiempo que habían renunciado a concurrir a las asambleas de las firmas, dejando todo en manos de la Bolsa de Comercios.
Como si hiciera falta, están minando la confiabilidad que puede quedar en el sistema bursátil nacional. El mundo, el marco local, resulta un circo, donde la consigna tácita parecen ser: subir, porque se sube. Y no se le busque otra vuelta. La Bolsa, charada.
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