15 de julio 2010 - 00:40

Avatares del congreso

La sesión comenzó a las 13.11 con el quórum estricto de 27 senadores. Recién entonces ingresaron los opositores a la ley.
La sesión comenzó a las 13.11 con el quórum estricto de 27 senadores. Recién entonces ingresaron los opositores a la ley.
  • Un frío helado inundó ayer el recinto del Senado. Y no tuvo que ver con una figura política: el sistema de calefacción del Palacio colapsó y, salvo en algunas oficinas, los radiadores no aportaban calor alguno. Se sintió especialmente en el recinto, donde las senadoras se acurrucaban en sus bancas tapadas por sacos, suéteres y hasta algunas raras vestimentas que parecían más ponchos improvisados con alguna alfombra que ropas femeninas.

  • Para solucionarlo se instaló de emergencia una suerte de cañón de aire caliente que disparaba desde la galería alta de palcos. Algunos senadores comenzaron a quejarse: el calor que llegaba desde arriba les freía la cabeza (efecto que multiplicaban las horas de discursos y argumentaciones, por momentos hilarantes). El prendido y apagado de ese aparato que lanzaba fuego sobre las bancas, por pedido de los senadores, terminó convirtiendo el recinto en una montaña rusa de temperaturas.

  • Las manifestaciones en la Plaza del Congreso del martes (en contra de la boda gay) y ayer (a favor) no parecen haber presionado a los senadores. No se detectó que ninguno hubiera cambiado de opinión por esas multitudes. Por el contrario, sólo preocupó a los legisladores el impacto que podía tener la imagen ayer de un falo inflable en la plaza contra el enrejado del Palacio, al punto que un asesor entró al pasillo que rodea al recinto vociferando: «Hay una poronga de dos pisos en la calle apuntándonos».

  • La lista de oradores anotados para el debate de ayer superó por mucho la media de cualquier sesión. Cincuenta senadores hablaron para defender una u otra oposición. Pero a pesar del furor del debate, pocos causaron tanto impacto como Adriana Bortolozzi, que, aun perteneciendo formalmente al bloque kirchnerista, cuestionó como nadie al Gobierno: «Hemos seguido como tontos una política de distracción. Se violaron los fueros de dos senadoras. Antes para frenar a un parlamento se ponía a los diputados en un calabozo para que no pudieran votar. Ahora en vez de un calabozo es el avión presidencial. Es difícil para una legisladora del oficialismo decirle que no a la jefa de Estado. No estoy de acuerdo con que utilicen esos métodos para bastardear al Congreso». Lo dijo en relación con la invitación de Cristina de Kirchner a las senadoras Marina Riofrío y Ada Iturrez de Capellini, que, de estar en el recinto, iban a votar en contra.

  • Entre las decenas de discursos a favor y en contra hubo algunos párrafos particulares. Uno de ellos fue el del radical santacruceño Alfredo Martínez, de los pocos radicales que apoyaron el matrimonio gay desde el inicio de los debates. Ayer, demostrando absoluta independencia de criterio hasta cuestionó a la Iglesia, sabiendo inclusive que con eso estaba beneficiando a sus archienemigos en la provincia, los Kirchner: «Soy un hombre católico, no practicante. Pero me casé, tengo hijos y están bautizados y me sentí avergonzado de las palabras de quien tendría que ser mi pastor. Monseñor Bergoglio no debió haber dicho que la envidia del demonio es la que está dentro de esta ley», dijo en medio del silencio del recinto.

  • Menos acertado estuvo el misionero Luis Viana, de quien se dudaba hasta último momento que estuviera en el recinto a la hora de votar, vuelto al Senado después de semanas de estar con licencia médica. Viana fue contundente en su negativa a apoyar el matrimonio gay: «No se ha logrado maduración en la sociedad. Ese tema no tiene consenso. No podemos cambiar por cambiar una ley», y terminó alertando por el impacto que podría tener la venta de niños para adopciones ilegales en el caso que se habilitara la adopción a las parejas gay, un curioso error en su caso y como misionero, ya que ese flagelo histórico, sobre todo en la provincia, ha sido siempre motorizado por parejas heterosexuales. Viana, junto con Carlos Menem, estuvieron dentro de las sorpresas por considerarse desde hace días que no estarían presentes en la sesión.

  • La salteña Sonia Escudero defendió su posición en contra de la ley de matrimonio gay como pocas. Su discurso sólo puede compararse con el de Liliana Negre de Alonso, que como miembro informante de la Comisión de Legislación General fundamentó el dictamen de mayoría por el rechazo a la ley. Pero más allá de las consideraciones, Escudero, peronista disidente, aprovechó una crítica a los defectos legales que presenta el proyecto votado en Diputados para atacar al Gobierno. Fue cuando habló de la necesidad de garantizar la identidad biológica a los hijos de parejas homosexuales: «O es que en este país sólo importa la identidad biológica de los hijos de Ernestina Herrera de Noble».
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