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Bach y Händel de lujo en el Colón
Hans-Christoph Rademann
Bach: "Misa en si menor" (Primer Ciclo). H TM ndel: "Messiah" (Segundo Ciclo). Solistas: J. Winkel (soprano), A. B. Solvang (contralto), S. Kohlhepp (tenor), M. Eiche (bajo). GTMchinger Kantorei. Bach-Collegium Stuttgart. Dirección: H. C. Rademann (Mozarteum Argentino, 13 y 15 de abril).
Cuando contaba con 23 años, Hans-Christoph Rademann participó de una clase magistral en Leipzig con el gran director Helmuth Rilling, uno de los más incansables intérpretes y difusores de la obra de Johann Sebastian Bach y fundador de la GTMchinger Kantorei y el Bach-Collegium de Stuttgart, nucleados en la Bachakademie de esa ciudad, y su impresión fue profunda y duradera. 25 años después, en 2013, Rademann se convirtió en sucesor de aquel pionero que, según sus propias palabras, abrió sus ojos a la música de Bach.
Al frente de estos ensambles llegó Rademann al Teatro Colón para abrir la temporada del Mozarteum Argentino con dos conciertos en los que dejó claro que, más allá de la tradición que hereda (que incluye la elección de instrumentos modernos), cuenta con un bagaje de ideas y conocimientos propios que sabe perfectamente poner en práctica para dar vida a una interpretación conmovedora.
Las obras elegidas para esta gira sudamericana son (cada una en su estilo y su propósito) dos de las más desafiantes del repertorio barroco: la Misa en si menor de Bach y el oratorio "Mesías" de HTMndel. Suena inclusive superfluo a esta altura mencionar las dificultades vocales e instrumentales que ambas partituras demandan, pero cabe imaginar que si la realización de una sola de estas obras constituye un "tour de force", es fácil imaginar la energía y la concentración que su interpretación demanda en diferentes escenarios y acústicas y también la voluntad de que la reiteración no devenga en rutina.
Tanto el coro como la orquesta son mecanismos de una precisión tan perfecta que Rademann apenas necesita preocuparse por dar las entradas o marcar mecánicamente el compás. Su tarea durante el concierto está centrada en los impulsos musicales, en la articulación, en las inflexiones que el texto y la música misma determinan, y las fuerzas humanas a sus órdenes responden a este concepto con total entrega y comunión artística.
La GTMchinger Kantorei conmovió y asombró con el empaste, la tersura sonora, la perfecta articulación del texto y el balance correcto de sus cuerdas; el Bach-Collegium brilló en la fuerza y levedad de sus arcos, a la que se sumó un desempeño impecable de los vientos, con fabulosos solos de trompeta, corno y flauta, y el sostén de un continuo infalible. El cuarteto solista, en líneas generales correcto, tuvo su punto más alto en Sebastian Kohlhepp, un tenor soñado para este repertorio. En reiteradas oportunidades Rademann demostró cómo apenas una inflexión o una dinámica diferente de la habitual puede eludir la obviedad y revelar incluso en obras ampliamente conocidas detalles insospechados.


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