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Bajo los misiles errantes de Hamás
Arriba, un médico palestino carga a una niña herida en el hospital Shifa de la ciudad de Gaza.
Los nubarrones soltaron el martes algunas gotas de lluvia, pero sobre todo atemorizaron a los 220.000 habitantes de Ashdod. Pese al bombardeo incesante al que es sometido, Hamás llegó al corazón de la ciudad. Su misil y un inoportuno resbalón fueron fatales para la israelí Irit Shitrit, de 38 años y madre de cuatro hijos. El lunes por la noche, volvía en coche del gimnasio con su hermana Ayelet. De repente, sonó la sirena que avisa que un misil fue lanzado desde Gaza. En menos de 45 segundos, debe caer en alguna zona de la ciudad. Frenaron bruscamente y corrieron a una estación de micros cercana. Ayelet llegó primero, Irit resbaló. El misil llegó antes de tiempo y la mató.
Impotencia
«Mi hermana tenía malas sensaciones. Cuando cayó el misil, la llamé, pero no me contestó», recuerda Ayelet. «Era todo lo que tenía», decía ayer en el funeral su marido Herzl, que trabaja en una empresa del ex futbolista Haim Revivo.
Ashdod se despertó ayer triste y con miedo. Como Rut, que trabaja en el centro comercial Calanit. Se siente impotente porque no tiene dónde refugiarse. «Si ahora cae un misil, estamos expuestos al destino y la puntería de Hamás. No pensé que llegarían hasta aquí, pero ahora deseo que el Ejército acabe con ellos. Nos retiramos de Gaza y ellos siguieron atacándonos. Si ahora mueren, es sólo por su culpa», opina cuando le hablo sobre la ofensiva en Gaza.
¿Y los civiles palestinos? Shai, un trabajador del puerto de Ashdod, es rotundo: «Europa llora los muertos palestinos, pero ¿dónde han estado todos estos años? ¿Por qué no se manifestaron exigiendo a Hamás que respetara la tregua? ¿Qué culpa tenemos de que Hamás coloque sus explosivos en universidades, mezquitas y casas? En esta zona, si no sos fuerte, te pisan».
Al sur de Ashdod, y a 26 kilómetros de Gaza, se encuentra Ashkelon. Sus cafeterías, centros comerciales y el paseo marítimo están semidesiertos. Los colegios están cerrados, como en todas las ciudades fronterizas.
Ashkelon y Ashdod desean continuar la operación en Gaza. «Si ahora paramos, al cabo de una semana o un mes Hamás volverá a atacarnos», comenta el taxista Shimi, que conduce con las ventanas abiertas para escuchar la sirena.
En el Hospital Brazilai de Ashkelon, el cirujano Yaron Naziran espera. «Es una calma muy tensa. En cinco minutos esto se puede llenar de heridos», dice. Lamenta la situación sanitaria en Gaza, pero asegura que no puede hacer nada.
La noche cae en Ashkelon y con ella, otra vez, varios misiles de la cada vez más lejana Gaza.


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