6 de julio 2015 - 01:00

Balotaje inyecta confusión al pacto Macri-Sanz-Carrió

 Mauricio Macri deberá esperar hasta el 19 de julio para terminar de procesar el resultado del PRO en la Ciudad dentro de la suma de su campaña electoral presidencial. El dato no aporta cambio alguno en la estrategia que venía manejando el macrismo para la campaña nacional: ningún dirigente del PRO pronosticó un triunfo en primera vuelta. Pero un empujón más en el resultado porteño de Horacio Rodríguez Larreta hubiera calmado ánimos en una pelea dentro dos semanas, que viene ahora con algunas incógnitas molestas para Macri y despejando confusiones en la campaña presidencial de Cambiemos. Los porteños, sobre todo, deberán hacer un ejercicio político-intelectual aún mayor para dividir la guerra por la jefatura porteña de la sociedad de los mismos protagonistas en la campaña presidencial.

Como viene sucediendo en casi todas las elecciones en el país, es difícil precisar si a algún candidato le sobra un voto en el resultado, sea ganador o perdedor. Números justos en cada distrito alargan la espera para la presidencial nacional.

El macrismo tuvo ayer una ratificación de su gestión en la Ciudad. Esto es indudable: después de ocho años al mando de la Capital, un territorio históricamente propiedad del radicalismo y de argentinos adoradores de la progresía política (aunque muchos ni siquiera puedan definir ese concepto), más del 45 % de los porteños siguieron confiando en una gestión de centroderecha que proclama medidas económicas absolutamente opuestas a las que sostiene el Gobierno nacional.

Los interrogantes de la oposición no cambiaron sustancialmente desde anoche con las cinco elecciones en todo el país, pero salierona a la luz algunos detalles que se intuían durante la campaña.

•El balotaje porteño le aportará a la pelea presidencial de Macri una escala de incertidumbre. Deberá cruzarse con una fuerza que se reivindica progresista, como ECO, con radicales, socialistas y seguidores de Elisa Carrió de distinta intensidad. Complica a la PASO presidenciales de Macri, Ernesto Sanz y Carrió porque obliga al macrismo a castigar en la Ciudad al candidato de algunos de esos socios suyos. En la interna de ese grupo por la presidencial ese cruce casi desapareció: existe un acuerdo general que en la pelea contra Daniel Scioli los roces dentro de las PASO no son redituables. De ahí la baja intensidad de esa interna opositora, la única en juego, en los últimos días. La lejanía reciente de Carrió de la campaña de Martín Lousteau y su ausencia en el búnker de ECO aliviará la tarea del macrismo en la campaña para el balotaje.

•El radicalismo, segundo en Córdoba de la mano de Oscar Aguad con una cercanía notable con los números de Juan Schiaretti y un triunfo claro en la legislativa de Corrientes aparece ayer cosechando buena parte de lo que salió a buscar, aunque no haya llegado a llevarse el trofeo de la gobernación en Córdoba.

Hubo allí un buen resultado para sumar a la acumulación que Macri necesita en todo el país, aunque podría haber sido mejor. La Rioja aportó un número similar: en ambas provincias la sociedad UCR-PRO trepó algo cercano al 40 % de los votos.

Macri necesita, de todas formas, resultados que suban esa apuesta, una ola nacional de opositores que aún no termina de tomar forma en los resultados locales.

Los radicales se llevaron ayer de la elección unos 13 legisladores porteños (recordar que llegaron a no tener ninguno), diputados en Corrientes y premios en Córdoba y La Rioja. Es la clásica ganancia que le permitió a los radicales sobrevivir en la política argentina con bloques en el Senado, Diputados, intendentes y legislaturas locales. No sorprenderse, entonces, que falte luego entusiasmo para pelear la presidencial cuando la estrategia de subsistencia se está dando por cumplida.

Macri deberá continuar con su estrategia de acumular traccionando él mismo la boleta del PRO, inclusive aunque no la integre. Lo hizo en la provincia de Buenos Aires sabiendo que desde la presidencial deberá traccionar la boleta de gobernador. Y ahora los números de anoche en la Ciudad, la pelea con Lousteau y la incógnita del destino de los votos que logró Mariano Recalde obligarán al jefe de Gobierno porteño a postergar un tiempo esa despedida de la política de la Ciudad que ayer comenzó a ejercitar.