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Bancos centrales vuelven a tomar el protagonismo
Para los inversores será interesante analizar primero el grado de apoyo que tuvo la medida de reducir desde enero en u$s 10.000 millones mensuales las compras de bonos del Tesoro y de activos respaldados por hipotecas, y en segundo lugar verificar de qué manera los miembros de la Fed quedaron conformes ante la posibilidad de continuar disminuyéndolas. En este sentido, serán clave los próximos datos macro, porque cualquier indicio de que la economía se desacelera forzaría a la Fed a suspender el proceso de retiro de estímulos, siempre y cuando la inflación se mantenga bajo control y no se convierta en una amenaza. Así los inversores continuarán convalidando la decisión de la Fed a la par de que los datos confirmen que la recuperación se consolida (el viernes se conocerá el informe de empleo de diciembre).
Por otra parte, el jueves la atención se muda a Europa con el cónclave del BCE. Si bien no se esperan cambios en las tasas de interés no se descarta alguna medida para expandir el crédito bancario a empresas y familias que sigue estancado.
Ahora bien, con tan bajas tasas de interés a nivel mundial la presión por asumir riesgo aumenta en paralelo a la valoración oficial de que lo peor ya pasó. La clave está en manos de los bancos centrales, ya que la crisis de la deuda aún no se solucionó. Los entes monetarios crearon las condiciones para que sea menos costosa a corto plazo y poder absorberla de a poco en el mediano y largo plazo. Pero el problema es que les piden a las empresas y a las familias que consuman e inviertan y al mismo tiempo que ahorren y devuelvan la deuda acumulada en el pasado. Muchos objetivos al mismo tiempo. Ocurre que detrás de esto se esconde un debate sobre los problemas de fondo de la economía mundial y los límites de las políticas económicas para resolverlos. Ya el exsecretario del Tesoro de EE.UU., Larry Summers, venía alertando sobre el potencial impacto en el crecimiento del elevado ahorro mundial porque las empresas no invierten en capacidad. Por otro lado la mayor parte de los países desarrollados continúan maniatados por una elevada deuda privada y pública, lo que reduce el margen de actuación de la política fiscal. Además el fuerte castigo sufrido por las Bolsas emergentes no es sólo un reflejo de los problemas fundamentales de sus economías. Sin embargo, los bancos centrales de los países desarrollados no parecen muy conscientes de los riesgos que asumen con las políticas expansivas.
Para los inversores la ansiada mejora económica vendrá de una recuperación cíclica y de un aumento de la confianza sustentada en la suba de los mercados financieros. Pero por el momento se trata de una cuestión de dinero y no de confianza. Lo que plantea realmente cuál es el poder ilimitado de los bancos centrales.


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